Las musas son las preguntas
Una entrevista a Marcelino Champo
Por Alberto Chanona Publicado en Carretera, Entrevista en 6 agosto, 2020 0 Comentarios 10 min lectura
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Que en Chiapas hay muchos poetas. Que le encanta Fargo. Que disfruta la música de Chalino Sánchez. Y que en el universo referencial de su escritura caben, por igual, Los caballeros del Zodiaco que el nombre del condado impronunciable de Faulkner. Todo eso dice el escritor Marcelino Champo, para poner en contexto su nuevo libro: Vida y destino en un corrido, grandes éxitos de Valentón Grajales.

«Nuestros ídolos son un reflejo de lo que somos. De nuestras añoranzas, de nuestras aspiraciones, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades». Foto: cortesía.

Cuenta que empezó a escribir ese libro en Argentina, en una residencia académica que hizo hace algunos años.

«No sé si en la nostalgia o la tristeza que de repente llega, me puse a escuchar la música que escuchaba mi padre y la familia de mi padre, que era también la que escuchaban mis vecinos. Hablo de la música más popular. Hablo de corridos, de la música norteña, la música banda; de gente como Chalino Sánchez o Valentín Elizalde. Algo de eso me hizo eco y empecé a trabajar. En esa lejanía que tenía con México, trataba de descubrirlo. No desde los textos de otro, como pasa con Octavio Paz o Alfonso Reyes, sino a través de la música y de los ídolos».

Su novela va tras el rastro de una vida, la de un ídolo popular, un cantante y autor de corridos. Champo no construye esa historia linealmente, sino a partir de las voces y testimonios de quienes lo conocieron. A la postre, lo que se reconstruye ahí no es sólo la historia de un ídolo, sino la de quienes lo idolatran.

«¿Pero quiénes son las personas que idolatramos? A lo mejor son ídolos de sal, porque pueden serlo. Ídolos frágiles, de mentira, que construimos de negaciones, negando una parte de ellos, su parte humana. Yo creo que nuestros ídolos son un reflejo de lo que somos. De nuestras añoranzas, de nuestras aspiraciones, de nuestros miedos, de nuestras inseguridades. Cielo e infierno.

»Espero que quien lea la novela encuentre una historia entretenida. Que pase un buen rato. Pero también que encuentre y reconozca la voz del público popular, muchas veces negado o subestimado. De repente, a alguien que escucha música norteña o corridos no se le ve con buenos ojos, a pesar de que ese tipo de música es de suma importancia en nuestra historia. Estamos hablando del antecedente más directo de la nota roja. Y son voces que cuentan bien lo que está pasando en México, con toda su ola de violencia».

Música popular, en Vida y destino en un corrido…, título que homenajea el de Vasili Grossman, Vida y destino, uno de los libros favoritos de Marcelino Champo.

Fargo, caricaturas, Faulkner, todo forma parte del mismo paisaje

Desde que te conozco, te recuerdo trabajando en un libro. Éste sería ya el quinto que publicas. Cuando tienes una idea ¿sueles estructurarla como un libro desde el principio o eso lo decides después?

Desde hace rato, tengo fijado el objetivo de construir una serie de libros que de alguna manera enlacen unos con otros. Mi proyecto literario es escribir una serie de cuatro libros que tengan relación, que enlacen personajes, espacios o ciertos sucesos. Trabajo con un tema que de inicio me llame la atención. Empiezo a ahondarlo hasta donde me lleve y trato de escribir lo más posible acerca de eso. El primero de esa serie es Bajo los pies de Judas, donde escribo sobre el trabajo sexual de mujeres migrantes aquí, en Chiapas. Y en este último, el tema es la construcción de la figura del ídolo, como reflejo del mismo pueblo. Y también como fantasma y sombra de ese pueblo. Son libros independientes, pero forman parte del mismo universo. Trato de que lo que escriba tenga relación con otros textos que haya escrito.

Todo forma parte de un mismo paisaje. Una película o una caricatura es un referente como Faulkner o David Lynch o una canción de Los Ramones. Para mí todo eso forma parte de un mismo paisaje y un mismo archivo que constituye mi universo creativo…

¿Todos tus libros, entonces, conforman un universo cerrado, al modo de la Santa María de Onetti o… cómo se llama el de Faulkner?

Nunca he podido pronunciar ese nombre.

Yo tampoco. Te pregunté de forma tramposa para que lo pronunciaras tú….1

(Risas) No, nunca he sabido cómo. Y sí. Un referente es Faulkner. También Jorge Ibargüengoitia, que es un gran referente para mí, como Roberto Bolaño, en su 2666. Pero más allá de eso, la verdad, lo que me gusta mucho son las series.

Una serie que me fascina, tanto lo que se ha hecho antes como en la serie, es Fargo. De ahí pensé en crear algo que se enlazara, pero tuviera un valor propio. Es decir, que cada libro fuera como una temporada, pero que se relacionara en ciertos detalles, como en Fargo, que fue una película en los 90 y luego Noah Hawley retomó este universo creado por los hermanos Coen, no solamente de Fargo, sino de todas sus películas, para llevarlo a una serie televisiva que para mí es increíble. Ése es uno de mis grandes referentes. Lo que yo quiero, en mis posibilidades, es hacer algo similar. Como una serie de televisión, donde se habla de un mismo espacio, de ciertos personajes que se entrecruzan, pero que a la vez tienen una individualidad.

Libros cuyas historias y espacios se entrecruzan.

No para todos los escritores es tan relevante la cultura popular. Para algunos sí. Creo que tú eres uno de ellos. ¿Qué encuentras ahí?

Pues es con lo que yo me crié. Son mis referentes desde la infancia. No tengo gustos culposos. Todo forma parte de un mismo paisaje. Una película o una caricatura es un referente como Faulkner o David Lynch o una canción de Los Ramones. Para mí todo eso forma parte de un mismo paisaje y un mismo archivo que constituye mi universo creativo. Todo eso tiene un valor. No es motivo de vergüenza, sino algo útil.

Cuando lees los referentes de escritores complejos como, digamos, Joyce, es porque su vida fue así. Crearon a partir de ahí. A mí no me tocó eso. Yo nací en Tuxtla, en el barrio San Francisco. Yo me despertaba en las mañanas y veía Los caballeros del Zodiaco y veía Los años maravillosos, y por la tarde me ponía a leer a Alejandro Dumas. Todo forma parte del mismo universo. Yo coincido en eso con algo que Rodrigo Fresán dice en las entrevistas: que te puede hablar de una película de marcianos de serie B, como de la obra de Virginia Woolf. Para mí es algo similar.

Las musas son las preguntas

Hay varios tipos de impulso en la escritura. Tú acabas de mencionar a la cultura popular. Hay otros, como el lenguaje, por poner un ejemplo que mencionan con frecuencia los escritores. Pero no todos. Hay quienes se van más por la línea de la anécdota, de la historia. ¿Cuál es el motor de tu escritura? ¿Qué te lleva a querer sacar una historia adelante?

Yo vengo del teatro. Quiero decir que mi principal formación es el teatro. Hice teatro quince años. Y el teatro es un suceso. Para mí lo importante son los sucesos. Y a partir de los sucesos, me nacen preguntas. Yo parto de ahí. Lo que a mí me impulsa son los sucesos que observo en mi entorno y que tienen consecuencias, que tienen protagonistas y que tienen ecos. Entonces trato de generar una escritura a partir de ellos. Porque son sucesos que me importan, que resuenan en mí.

Cuando llegué a Chiapas, luego de diez años de vivir fuera, caminaba una noche por el centro de la ciudad y me di cuenta de que estaba convertido en una zona roja. Y además no había luz. Para mí fue impactante. Estábamos viendo algo que ocurría y mucha gente no quería ver y no quiere verlo aún. Eso me dio pie a crear Bajo los pies de Judas. Y así, muchas cosas que voy viendo me producen interrogantes. Yo parto de ahí. Con eso es lo que trabajo. Para mí ésas son las musas. Las musas son las preguntas. Ellas son las que detonan todo. Si tú te estás continuamente preguntando, eso va a generar algo. En mi caso, es la escritura.

En el universo emotivo de Marcelino Champo, el beisbol ocupa un lugar especial. Aquí, con su gorra de Los Angeles Dodgers.

Clavados con la poesía

¿Sigues la producción literaria local? ¿Qué impresión te causa?

Lo que más acostumbro leer es narrativa y dramaturgia y algo de ensayo. Y Chiapas está clavado con la poesía. Qué bueno que se produzca poesía, porque además sí hay gente que lo hace bien y lleva rato haciéndolo, como René Morales, Matza Amaranto, César Trujillo… estoy hablando de gente más o menos de mi generación. Hay otros, como Balam Rodrigo. Pero yo no soy un lector de poesía muy asiduo. Los narradores en Chiapas no somos tantos como la gente de poesía. Creo que Jorge Zúñiga, que es un gran amigo y que fue un gran apoyo para que este libro se publicara, pues está haciendo un gran trabajo en narrativa. También Nadia Villafuerte.

Editorial Tifón se ha encargado de dar a conocer un poco más la narrativa. Es un trabajo que me parece necesario, porque es la que menos atención tiene. Y ya no digamos, la dramaturgia, a pesar de haber tenido gente como Carlos Olmos. Es un género que casi no se cultiva y no sé por qué, pues hay ahorita un movimiento escénico, digamos, bastante activo en el estado.

Creo que debiera impulsarse más la narrativa, el ensayo, la dramaturgia, al menos tanto como la poesía. Ya tenemos el premio internacional de novela Rosario Castellanos, el premio nacional de cuento Eraclio Zepeda. Sería interesante poner uno de dramaturgia. Que la gente encargada de promover y difundir la literatura le ponga más atención a otros géneros. Que exploremos otros caminos, pues.


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Las fotos son cortesía de Marcelino Champo. El texto de la entrevista es publicado bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 (CC BY-SA).


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  1. El nombre del condado ficticio donde transcurre buena parte de las historias del estadounidense es Yoknapatawpha.  (Regresar)

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