La Comisión Autónoma Especial para la Paz en Chiapas
Un capítulo desconocido del levantamiento armado zapatista, en 1994
Por Andrés A. Fábregas Puig Publicado en Crónica, Historias en 16 noviembre, 2020 3 Comentarios 10 min lectura
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El 1 de enero de 1994 me encontraba con mi familia en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, al momento de enterarme de que en Chiapas había ocurrido un levantamiento armado reivindicado por una organización nombrada Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Pasada la sorpresa, logramos trasladarnos al aeropuerto de Guadalajara y abordar un avión con destino a Tuxtla Gutiérrez, la ciudad capital chiapaneca. En el intervalo del vuelo en la Ciudad de México, fui abordado por grupos de periodistas que también se trasladaban a Tuxtla Gutiérrez. Todos preguntaban acerca del levantamiento armado, de sus causas, de cuál era el motivo. Otros periodistas sugerían que las guerrillas de Guatemala tenían que ver en el levantamiento. A todo ello respondí que precisamente regresaba a Chiapas para enterarme de cuál era la situación, pero que lo único que sí afirmaba era mi absoluta seguridad de que las guerrillas de Guatemala no tenían nada que ver.

Los días 3 y 4 de enero, asistí a una reunión de Institutos de Cultura (en esos días, fungí como director del Instituto Chiapaneco de Cultura), en la Ciudad de México, cuando fui contactado por el senador Eduardo Robledo Rincón, quien me invitaba a una reunión a la que también acudiría el escritor Eraclio Zepeda, en aquellos días miembro del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Durante la reunión, el senador Robledo nos comentó que la situación en Chiapas era muy grave y que había que actuar. Nos propuso formar una comisión especial para gestionar la paz en Chiapas, con el propósito, además, de auxiliar en rehacer el tejido social en el estado. Así nació la Comisión Autónoma Especial para la Paz en Chiapas.

El 6 de enero nos trasladamos a Tuxtla Gutiérrez. El aeropuerto era un hervidero de periodistas y de políticos que acudían para enterarse de qué pasaba. Mi esposa me esperaba en el lugar con las maletas hechas, porque el plan era trasladarse de inmediato a San Cristóbal de Las Casas, a bordo de un helicóptero del Gobierno del Estado. Durante el aterrizaje en el campo de beisbol, en San Cristóbal, mientras el aparato maniobraba el descenso, un escalofrío recorrió mi cuerpo al ver las tribunas llenas de soldados, sentados y cubiertos con sus capas, para protegerse de la fina lluvia que caía, con las armas entre las piernas. Lo primero que pensé fue en la posibilidad de un baño de sangre en Chiapas, si no se lograba concertar enseguida un alto al fuego. El helicóptero descendió en medio de aquel campo deportivo. Se nos acercó un oficial militar para interrogarnos. Nos identificamos y salimos para encontrarnos a otro oficial, quien nos ofreció abordar un vehículo militar para trasladarnos. El senador Robledo Rincón se negó a que viajáramos en un vehículo del ejército e indicó al oficial en cuestión que ya teníamos dispuesto el traslado en un auto particular. Así nos trasladamos al centro de San Cristóbal, en donde observamos otra situación inquietante: los tanques y camiones de guerra, estacionados en el parque, frente al Palacio Municipal. Al reconocernos, una multitud de periodistas nos rodeó. Querían saber qué hacer, por qué no se les dejaba salir de la ciudad. Habían estado encerrados una semana desde el inicio del conflicto. Los escuchamos con preocupación y les dijimos que teníamos en ese momento una cita con el general que estaba en el Palacio Municipal (convertido en cuartel en ese momento), a quien le propondríamos que abriera la ciudad. Solicitamos a los periodistas que esperaran nuestra respuesta.

Ingresamos al recinto para presenciar un cuadro inusitado: en el despacho del Presidente Municipal, el General al mando sentado sobre el escritorio del presidente.

No bien terminamos de presentarnos, le expresamos al militar que desde nuestro punto vista, había dado un golpe de estado al apoderarse del Palacio Municipal, puesto que se trataba de un edificio destinado al poder civil. Visiblemente preocupado, el General respondió que no era así, que habían buscado al Presidente Municipal y que no habían tenido éxito. Le planteamos entonces que debía desocupar el edificio y entregarlo al Cabildo, además de abrir la ciudad y dar libre curso a los periodistas. Se comprometió a lo primero de inmediato. Pero respecto de los periodistas, opinó que no se les dejaría salir, porque cualquier incidente que les sucediera, se lo achacarían al ejército. Le propusimos que cada periodista que deseara salir de la ciudad para hacer sus reportajes, podía firmar una responsiva, eximiendo al ejército mexicano de cualquier responsabilidad sobre lo que les aconteciera.

Al salir del Palacio Municipal, los periodistas nos preguntaron qué novedades traíamos. Les planteamos la firma de la responsiva. Aceptaron y así fue como, al fin, los reporteros lograron salir de San Cristóbal. Fue la primera gestión con éxito de la Comisión Autónoma Especial para la Paz en Chiapas.

Por la tarde de ese 6 de enero de 1994, a invitación del obispo de San Cristóbal, don Samuel Ruiz, la Comisión ofreció una conferencia de prensa en la puerta del Obispado. Rodeados de periodistas, habló don Samuel y dijo:

«Les presento a los Tres Reyes Magos, que vienen a intermediar por la paz».

El senador Eduardo Robledo explicó a los periodistas los motivos que nos animaban y un aspecto muy importante: la Comisión no era oficial, no representaba al Gobierno de México, sino que era una iniciativa ciudadana de parte de tres chiapanecos, el propio Eduardo Robledo, Eraclio Zepeda y Andrés Fábregas.

El día 7 de enero, la Comisión visitó el Cuartel Militar de Rancho Nuevo. La trayectoria en una combi transcurrió en un tramo de carretera vacío, silencioso, atemorizante. De lo primero que nos dimos cuenta al llegar al cuartel fue de su extraña situación: enclavado en una hondonada, fácil de atacar y difícil de defender. Nos recibió el Comandante del cuartel quien nos explicó una reciente batalla, cuyas huellas eran visibles en los balazos que habían penetrado incluso hasta las oficinas del edificio. Nos explicó que habían logrado repeler el ataque, al salir una cuadrilla de soldados y forzar el combate en las afueras. Mostró a la Comisión una serie de morrales incautados, en algunos, con fotos. Recuerdo que una de esas fotos mostraba a un combatiente zapatista con la escopeta en mano y su perro al lado. Me impresionó. Según el Comandante, aquellos morrales se debían a «manos de monjas», lo que denotaba su convencimiento sobre la participación de la Iglesia Católica en el movimiento, lo cual no era así, como se ha demostrado.

La segunda gestión con éxito de la Comisión ocurrió durante una entrevista con el presidente de México, Carlos Salinas de Gortari. Ocurrió el 11 de enero de 1994. La entrevista se dio en el Castillo de Chapultepec, donde fuimos recibidos por el primer mandatario, con el propósito de intercambiar opiniones acerca de la rebelión zapatista. Lo acompañaban el antropólogo Arturo Warman, a la sazón procurador agrario, y el asesor especial José Córdoba Montoya. En la antesala, breves momentos antes de ser recibidos, nos encontramos con Octavio Paz e intercambiamos algunas palabras con el Premio Nobel de Literatura.

El presidente Salinas nos recibió y escuchó con atención. Le propusimos el alto al fuego, a lo que respondió que eso dependía de lo que hicieran los zapatistas. Nuestra respuesta fue que el que tenía el poder de fuego era el Estado Nacional Mexicano, pues contaba con un ejército mucho más fuerte que el zapatista. Además, agregamos, «usted es el Presidente del país» y tiene la facultad de decretar un alto al fuego unilateral. Nos respondió que lo pensaría. Salimos. El Presidente nos acompañó y casi al despedirnos, preguntó cómo habíamos logrado las reuniones con la gente. Nuestra respuesta: «muy sencillo, señor Presidente, nosotros no nos cansamos de escuchar a la gente».

Al despedirse, Salinas de Gortari nos dijo que crearía una Comisión a imagen y semejanza de la nuestra. Al día siguiente, 12 de enero de 1994, el presidente Salinas de Gortari decretó el alto al fuego unilateral y creó la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, nombrando como presidenta de la misma a Beatriz Paredes Rangel. Así mismo, anunció que el licenciado Manuel Camacho Solís era desde ese momento el representante oficial para gestionar la paz en Chiapas y negociar con los alzados en armas.

No obstante el nombramiento de Camacho Solís, la Comisión Autónoma Especial para la Paz en Chiapas continuó una labor muy intensa. Así, desde el 19 de enero hasta finales de ese mes, nuestra Comisión se reunió con muchas organizaciones. Dentro de esas reuniones gestionadas por la Comisión, destacan la del 21 de enero, en la Ciudad de México, con el presidente Salinas de Gortari y dirigentes del Consejo Estatal Indígena y Campesino, formado a resultas de las reuniones gestionadas por la Comisión y que llegó a agrupar a más de 300 organizaciones; la del 22, 23 y 24 de enero de 1994, en San Cristóbal de Las Casas, que culminó, precisamente, con la formalización del Consejo Estatal Indígena y Campesino, clausurada por Rigoberta Menchú Tum, indígena guatemalteca y Premio Nobel de la Paz; y la del 25 de enero de 1994, entre esta organización y el presidente Salinas, en el Palacio de Gobierno de Chiapas.

Con una existencia breve, pero intensa y muy efectiva en sus gestiones, la Comisión Autónoma Especial para la Paz en Chiapas, se retiró al conformarse la Comisión Nacional de Intermediación, que presidió el obispo Samuel Ruiz, más la presencia del Lic. Camacho Solís, quien buscaba deponer a Luis Donaldo Colosio como candidato del PRI a la Presidencia de la República, para ocupar él su lugar. Nuestros encuentros con el Lic. Camacho Solís siempre terminaron en desencuentros y, prácticamente, nos orilló a disolver la Comisión. Así terminó un capítulo desconocido de esa guerra surgida en las montañas del sureste chiapaneco, el 1 de enero de 1994.

Todo lo que aquí se ha dicho puede confirmarse consultando la prensa local de Chiapas del mes de enero de 1994, más periódicos nacionales como el Excelsior, Universal o La Jornada, de las mismas fechas.

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  1. Siempre he pensado que Andrés Fábregas tiene mucho que contar, no sólo de este momento en Chiapas, sino de sus maestros, de su caminar como antropólogo. Qué gusto leer este capítulo de su historia.

    1. Gracias Verónica. De hecho. Algo he contado acerca de mi formación como antropólogo en un texto titulado Los Años Estudiantiles.
      Un saludo corfial

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