Lobo valiente
Travesías, historias trans a través del espejo
Por Alejandro Montaño Liliana Bellato Publicado en Entrevista, Historias, Perfil en 6 noviembre, 2020 0 Comentarios 52 min lectura
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Hace algunas semanas, publicamos Yo ya estaba aquí, pero tú no me veías, el primer capítulo del libro Travesías. Historias trans a través del espejo, editado en 2016 por Jumaltik, Equidad Sur, A. C. y el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH y el SIDA (Censida).

Consideramos que es un trabajo importante y vigente, que merece ser difundido, leído y conversado. Porque la realidad es, al mismo tiempo, más compleja y más sencilla de lo que dictan los prejuicios en torno de la transexualidad.

En esta ocasión, te presentamos la segunda entrega de esta serie: Lobo valiente.


La mayoría de las personas que he conocido, que son como yo, dicen que desde chiquitos lo sabían:

«Quiero ser niño».

En mi caso no fue así.

Nunca pensé «quiero ser niño». Yo, de hecho, tenía la imagen de que de grande iba a ser de esas mujeres que son muy musculosas, con el cuerpo muy marcado, de estas que están así, fitness, que salen a correr, y se les ve su cuerpo muy bonito, y a mí me encantaba la idea de que en el futuro me viera así…

En la prepa, cuando según yo era lesbiana, bajé mucho de peso, buscando ese cuerpo, y pensaba: «si no estoy contenta, es por esto que siempre he querido».

Luego me di cuenta de que no me llenaba. No me hacía feliz. De hecho, fue gracias a las redes sociales que encontré la palabra «transexual». Fue a mis 17, 18 años.

¡Cuánto tiempo pasé viviendo así! En que yo no me sentía una niña, pero tampoco me sentía un niño, porque para mí eso no existía. No sabía. Y si existía, yo pensaba: «¡Pero no! ¡Cómo vas a creer que yo…!». Negaba esa idea, hasta que una novia en la prepa me dijo:

―Oye ¿tú quieres ser niño?

―¡No! ¿Cómo crees?

Fue hasta la prepa cuando supe que realmente sí, eso era lo que yo quería ser. Para iniciar las hormonas, fue también un lapso largo, porque dije: «¿y qué tal que ya no consigo empleo, qué tal que mi familia me rechaza?»

Esta novia que tuve fue muy importante, porque me dijo:

―Si te rechazan, yo voy a estar acá contigo. Ahí tienes mi casa, mi familia está encantada de que vayas a hacer esa transición.

Su familia no quería que ella fuera lesbiana. Entonces, si su novia pasa a ser niño, ella ya pasa como heterosexual… A mí me hacía mucha gracia, pero pues ahora sí que «tú me

ayudas y yo te ayudo», ¿no? ¡Jajaja! Pero ella me decía:

— Si tú eres así, por mí, puedes hacerlo, yo te apoyo…

Mi relación con su familia era buena, pero yo siempre me cohibí mucho por estas cuestiones trans, porque siento que en algún punto la familia que ya me conocía pensaba: «bueno, pero tú no la puedes embarazar…». O estas cuestiones de paternidad, de reproducirnos, pues no… O sea: «las parejas son para reproducirse, y si no, pues para qué». Pero para mí, los hijos son algo muy aparte.

Yo siempre tuve problemas para relacionarme. No convivía con hombres y la relación con mujeres me costaba mucho, porque ni me sentía bien con ellos, ni con ellas.

Yo quería estar solo, y si tenía mis amigos, pues eran de esos que vamos a jugar y todo, pero nada de que «como somos hombres, vamos a tomar…». O «vamos a hacer cosas de nosotras». Cuando iba con estos amigos y era cosa de ir a nuestra casa, a ver una película y comer pizza, o sea, algo tan neutral, por mí, encantado. Yo estaba cómodo en ese ambiente como ambiguo, sin que por fuerza hiciera cosas por ser hombre o por ser mujer.

Mi hermano

Mi vida en general ha sido muy tranquila. Mi familia somos mi mamá, yo y un hermano, con el que toda mi vida he peleado, pero no por esta causa, no por ser como soy.

Una vez, cuando éramos chiquitos, le regalaron un juego de loción y jaboncito para niño. Se lo dieron a él, y yo lo quería, y a mí me dijeron «no, tú no, porque es de él, y es de niño…».

Yo de pura maldad, con una aguja, le empecé a tallar, a hacer hoyos, sólo dejé la cáscara, sólo una capita de puro jabón, y abajo le quité todo. ¡Me pusieron una gran regañiza!

Siempre hubo favoritismo hacia él, o tal vez yo lo vi mal. Mi mamá me dice que no, «con tu hermano siempre fui muy dura». Aunque yo he sentido que a mi hermano siempre le ha perdonado cosas, y a mí me las ha echado en cara, por ser niña. Pero quiero que ella entienda que no quiero ser hombre para que me trate igual. Yo no quiero ser como mi hermano, porque siento que tiene buenos puntos, y otros no tanto… Yo no quiero ser como él, pero ella me ha dicho varias veces:

―Es que tal vez tú quieres ser como tu hermano.

Y yo le digo que no, porque yo quiero ser un hombre, pero distinto a él. Siento que mi hermano es un hombre que tiene un carácter muy difícil a veces, y puede llegar a ser grosero, y eso a mí no me gusta.

De hecho, se salió de mi casa, porque decía que tenía mucho trabajo y prefirió irse, porque él es así… O con cuestiones como labores de la casa, siempre decía que él tenía mucha tarea, y no sé qué. A veces pasaba que estamos en la casa y «como tú eres niña, hazlo tú, porque no tienes tarea».

Y yo también, quiero un rato para estar con un libro, no sé, o viendo la tele, o jugando con mis perros, y siempre hubo este tipo de problemas. No sé, creo que así pasa en todas las familias. Las relaciones entre hermanos siempre son difíciles.

Siento que mi mamá nos ha enseñado a los dos a resolver nuestros propios problemas. Si yo le pido ayuda a mi mamá , o le pido algo, ahorita que yo estoy trabajando, se lo pago, y si no me puede ayudar, pues no. A mí no me gusta buscar problemas. Si es mi mamá. No veo por qué me debe sacar de mis broncas.

Con mi hermano mayor siempre he peleado, Él me trata con mi otro nombre, no me trata ni como ‘él’, ni como ‘ella’.

A veces le dice a mamá:

―Hable con ella…

Y yo le respondo:

―No me llames así, ya no me digas así.

Pero tranquilos. No quiero pelear con él, en buen plan. A veces hasta mis sobrinitos, de parte de mis primos, le han llegado a corregir:

―¿Está ella?

Y ellos le responden:

―No se llama «Ella». Se llama Oliver.

Mi sobrinito me dice que él nomás frunce el ceño y ya. No dice nada, pero así que me llame por mi nombre, no. Y nunca hemos tenido trato muy cercano, cada quien tiene sus propios intereses, y somos de carácter muy distinto…. Con mis cambios nada de que «ya eres mi hermanito», ni nada por el estilo, porque nunca hemos tenido eso: camaradería…

Yo a veces hubiera querido más complicidad entre nosotros, que nos contáramos nuestros secretos, o que nos cubriéramos de nuestras travesuras, pero al contrario: siempre nos estábamos echando de cabeza, nos acusábamos mutuamente si algo pasaba… Si acaso sólo una vez… Pero mejor ni hablar de eso.

Creo que las relaciones entre hermanos son casi siempre difíciles. no como dicen que sucede en otras familias, que se ayudan entre hermanos. En la mía, pues no.

Yo trataba de hacer esta conexión que nunca hemos tenido. Intentando, pues, y todo, pero ni siquiera cuando murió mi abuelita, ni siquiera nos abrazamos, ni siquiera en los años nuevos, ni nada de que ‘mi hermanito’, no… Punto y aparte, cada uno por su lado.

Eso era desde antes, y no por mi transición, pero tampoco cambió algo, o que tendiera un puente para que nos juntáramos para mejorar la relación, ni nada de decirme: «yo te apoyo, si quieres ayuda…». No, ahora sí que ahí tú lo ves. Pero no se agudizó. No hay ninguna ruptura. Pero tampoco acercamiento.

A veces por whatsapp me manda cuestiones que tienen que ver con mi mamá; pero algo más, entre nosotros dos, pues no. Ahora sí que lo único que nos une es nuestra mamá, porque somos de distinto papá.

Mis tres salidas del clóset

Como se dice, yo tuve tres «salidas del clóset». Primero, cuando le dije a mi mamá que era bisexual. Luego, cuando le conté que era lesbiana. Y ya, al último, cuando le dije que era hombre transexual, fue por etapas…

La primera vez que salí del clóset, le dije a mi mamá que era bisexual. Creo que fue cuando tenía 15 ó 16 años. Yo estaba en la secundaria. Luego a los 18 le dije que era lesbiana, y le presenté a mi novia… De hecho fue con esta novia con la que hice mi transición.

El psicólogo me había dicho:

―Bueno, si quieres decirle, yo creo que acá el problema es con tu mamá; este miedo que le tienes, de cómo va a reaccionar, o qué piensas que te va a hacer, si te va a correr.

Yo ya hasta tenía un plan por si me corría, o reaccionaba de manera violenta, porque no es agradable. No se lo dije así, al fregadazo, porque tampoco mi transición fue así. Fue poco a poco, con baches, y bueno, pues, le dije primero:

―Mamá, no sé si te acuerdas de un jaboncito que le regalaron a mi hermano y que yo quería… ¿te acuerdas?

―Sí, me acuerdo. ¿Por qué?

―Pues no sé si te fijaste, eran cosas que yo quería, que te estaba mostrando… Pero pues obvio, yo tampoco sabía, porque en ese tiempo ni pensaba en eso… O sea, ¿ser niño? Como que no. Pero eran cosas que… Se sabe que pasan de niño a niña, pero de niña a niño, como que es más raro.

―¿Y eso qué tiene que ver? No te entiendo…

―Pues que siempre quise ser niño, aunque ni yo mismo lo sabía, pero ahora ya lo sé: soy transexual.

―Ah, ¡pues ya! Ahora sí que me dices que eres trans, ¡ya qué!, yo te apoyo…

En las dos primeras salidas del clóset, mi mamá lloró. Cuando yo le dije que era trans, yo esperaba que otra vez llorara. Pero no. Se lo tomó como con más calma… Pero después, como que le costó mucho trabajo tratarme de Oliver. Y creo que fue gracias a una pareja de ella.

Ella dice que ya no son pareja, pero yo creo que siguen siendo, porque me parece que una vez le comentó al señor, y él le dijo algo, porque de un tiempo para acá, unos tres meses, ya me trata de Oliver. Porque me trataba de «su hijo», pero por fuera. Ahora sí que la que se metió al clóset fue ella, ¡jajajaja! O sea, yo salí y ella se mete, porque dentro de la casa me seguía tratando de «ella» y por fuera soy su hijo. Dentro de su casa, todavía tiene a su niñita, con barba, y por fuera, soy su niño. Y cuando le preguntaban por su niña, pues como que no sabía reaccionar, como que «qué hago?», ¿no? Y me señalaba y decía:

―Pues… es ella.

Y la gente se me quedaba viendo como:

―¿Ella? ¡¿Pues qué comió?! ¿Comió muchas espinacas o qué?

¡Jajajajaja!

Y me dicen que se acuerdan de mí, antes, de niña, y que estaba muy bonita, y ahora actualmente me ven y:

―Nooo, pues…aaah…

Y ponen su carota.

Mi mamá se incomodaba, se ponía nerviosa. Yo nunca le he comentado que me parecían muy graciosas estas situaciones.

La pareja de mi mamá, hace dos o tres meses, le dijo:

―Ya no tienes que tratarlo así. Mira sus cambios. Quién sabe cuánto tiempo lleva con hormonas…

Porque de hecho, ya hasta me empezaba a salir vello. Y mi mamá me dijo:

―¿Pues qué estás tomando?

Yo no creo que en más de un año de tomar hormonas, que he tenido cambios, no se haya fijado en mi voz, y en otras cosas. Y pues, creo que se hacía de la vista gorda, para evitar estos comentarios. Hasta que fue evidente, porque desde antes yo le platiqué que iba a tomar hormonas.

O sea que toda la información que yo fui viendo sobre hormonas fue por Internet, de las experiencias de otros hombres trans, y pues yo pensé: «si algo me pasa, si me enfermo, si me muero, va a ser por algo que yo quiero; porque si me entierran como hombre, va a valer la pena».

A mi mamá le comenté que iba a hacer un cambio hormonal, que me quería operar. Después de que le dije que era hombre trans, al mes de que me inyecté por primera vez, se

lo comenté. Todo lo que conlleva. Hasta le descargué documentos sobre los papás con sus hijos trans, qué es esto de la transexualidad…

Después de un tiempo, le volví a sacar el tema, y pues me dijo que simplemente prefería no hablar de eso, así como que:

―Bueno, tú haz lo que quieras…

No hubo reclamos. Sólo le informaba y ella como que a ver qué hacía. Pues, de hecho le pregunté sobre el gran bonche de información que le di, porque no quería escucharme, y ella me dijo:

―No, tú estás mal; ai’ luego vas a cambiar…

Pero no hubo una pelea fuerte al respecto, sino comentarios, y luego mejor yo me salía. Un día sí le dije:

―Bueno, ¿y qué pasó con estos documentos? ¿Los leíste?

―No, pues no sé qué les pasó.

Si los leyó o no, pues no me dijo nada. Como que muy punto y aparte esa cuestión.

Luego me empecé a poner mi binder. Esta faja que uso para que no se vean mis pechos, y pues ya era más evidente. Y entonces mi mamá, yo creo gracias a su pareja, fue que poco a poco comenzó a aceptarme, pero tuvieron que pasar dos años.

Yo no he hablado con el señor, nomás lo veo y pues sé que quieren estar solitos, no quieren hablar conmigo. Pero pues yo, en el fondo, le agradezco a ese señor que gracias a él pues mi mamá ya me ha tratado de Oliver.

Mi prima que ahora está viviendo con nosotros, me lo comentó. Ellos tienen una conexión y hablan con mi prima, y ella me contó:

―¿Sabes? Acá el señor le dijo a tu mamá que te trate como hombre, que cómo es que te está viendo todos tus cambios y te sigue tratando como mujer, y como que no. La que queda mal es ella, tu mamá.

Sí me estaba haciendo invisible. Pero ella empezó así, poco a poquito, a llamarme Oliver. Antes me llamaba con mi nombre anterior, y yo le decía:

―¡Mamá, no me hables así ya, pues! Si no puedes llamarme Oliver, llámame Martínez, como le hacen en la escuela..

Desde la secundaria, ése fue mi pacto: «no me llamen por mi nombre, díganme Martínez». Entonces mi mamá me llamaba Martínez, por acá y Martínez por allá. Y ya poco a poco comenzó a decirme Oliver. Ahora veces hasta me regaña: «¡Oooooliiiiiiveeeeer!…».

¡Hasta bonito se siente!, ¿no? ¡Jajajaja!

Otra persona que quién sabe si sí o no habló mucho con mi mamá, fue mi novia, pero eso sí yo ya no me enteré. Quiero pensar que sí, que le llegaba a preguntar:

―¿Cómo está Oliver?

Yo quiero seguir ayudando a mi mamá, que siga con el señor. Me encantaría que estuviera con él, es importante para mí.

¿Y por qué Oliver Velkan?

Oliver fue un nombre que siempre me gustó.

Hay una caricatura: Oliver y su pandilla. Era de unos perros. Luego salen Los supercampeones, y de nuevo: Oliver. Hay un superhéroe, Flecha Verde, que se llama Oliver Queen, que no tiene superpoderes, pero es muy hábil y que tiene una identidad aparte. Este asunto de las dos identidades siempre me gustó mucho.

También pensé en Christian. Ese nombre fue por la exnovia que tuve, pero no me gustó mucho, porque muchos hombres trans se cambian el nombre a Christian. Luego fue Gabriel… y tampoco. Hasta que poco a poco, me fui quedando con Oliver.

Y bueno, creo que fue dos o tres meses antes de ir a la Ciudad de México a cambiar mis papeles, que salió el nombre de Velkan.

Mi nombre completo es Oliver Velkan, porque yo quería una unión con el lobo. Para mí, el lobo es un animal muy importante, más por el hombre lobo, por el cambio que tiene.

Si me preguntan qué es lo que me identifica con los hombres lobo, es que por un tiempo sacan a su bestia, a su animal, gracias a la luna, pero son hombres. Este cambio que tienen me gustó mucho.

Los hombres lobo, los lycans, El Hombre Lobo en París y cuestiones de ésas siempre me han encantado. Eso de cómo la luna los transformaba. De hecho, hay una película que se llama Feroz. Es de dos hermanas. A una la muerde un lobo, y la otra la acompaña para el cambio que debe tener para convertirse en una loba, y es esa hermandad que tienen, es algo muy peligroso, algo malo, pero su hermana no la deja…

Ilustración: Julia Villarrubia Pinés.

Entonces me puse a buscar en internet nombres que tuvieran que ver con hombres lobo, y apareció el nombre Velkan. Primero lo sentí como algo raro: ¿y eso, qué es? Velkan significa «Lobo Valiente». Luego lo encontré en la película Van Helsing. Es el hermano de Ana, un hombre lobo. Y dije: «Velkan… ¡me gusta!». Y ya me puse Oliver Velkan. ¡Me encanta ese nombre!

Otro personaje con el que me identifico es con Tarzán. La película de Disney me encantó. Por esto de pertenecer a dos mundos, y al mismo tiempo, no pertenecer a ninguno. Es algo que muchos hombres trans tenemos en común.

También otra cosa que he visto es el arte. A mí el arte, sí me llama, pero así como que meterme mucho, pues como que no.

Muchos hacen dibujos, y las típicas rayitas de la mastectomía. Dicen ellos que son tigres y se ganaron sus rayas…

También he visto que a las chicas trans les llaman mucho las sirenas, porque acá arriba son mujeres, y abajo no se ve, nomás su aleta. Eso me encanta.

Cuando conocí esto de la transexualidad, me metí de lleno. Empecé a relacionar lo de los hombres trans y me llamó la atención que muchos dicen que desde chiquitillos quieren ser niños. Son cosas que yo no manifesté. Como dije antes, yo me veía más como una mujer con un cuerpo muy atlético, pero no como un hombre. Cuando me decían que parecía niño, hasta me ofendía, y ahora me hace mucha gracia pensar que si viajara al pasado y me dijera a mí mismo «oye, tú vas ser un hombre trans…», ¡creo que me dejaría traumado! Porque en ese momento, en mi cabecita, yo era muy fantasioso, pero no cabía eso de las identidades. O sea, mi única preocupación para mí de niño era ser feliz, divertirme y no meterme en problemas y ya.

¿Ya no te acuerdas de dónde vienes?

Mi relación con otros hombres trans ha sido, por lo general, muy buena. Aunque siento que algunos toman esto del machismo. De que como ahora soy hombre, tengo que actuar así, ser más agresivo, y la verdad, pues me da risa ¿no?

A veces, cuando hablan mal de las mujeres, yo les digo:

―¡Oye!… ¿Qué ya no te acuerdas de dónde vienes? Hace dos o tres años, pudieron haber hablado mal de ti ¿te hubiera gustado?

―No, pero es que yo no era una mujer. Nunca lo fui.

―No, pero aún así, estuviste en su piel…

No forma parte de mi hablar así de las mujeres, pero sí fue una etapa de mi transición el pasar por el machismo. Tener ciertas actitudes, pero sobre todo porque en un principio, por ser hombre, tenía que hacer ciertas cosas o imitar un modelito.

A veces el machismo es así, como una ropa que te pones y no te quitas. Te sientes cómodo con esa ropa, que es además la que todos traen, pero esa ropa suele gustarle a muchos, y terminas diciendo «así soy yo y, ultimadamente, ¡pinches viejas!».

Para mí es estúpido ser machista cuando eres un hombre trans. Pero siempre he dicho que la estupidez no conoce identidad ni orientación. Ni nada.

Esas actitudes que tenía yo al principio, a mí la verdad no me gustaron. No me sentí cómodo en ellas y me las quité.

O eso de hablar a espaldas de las mujeres. Lo veo todos los días entre mis compañeros. Es algo que no me llama. No es que no me gusten las mujeres, sólo que no lo veo como una parte importante de mostrar mi masculinidad, mientras que otros le dicen a una mujer que va pasando:

―¡Mira nomás esas nalgotas! ¡Ese culito, esos pechos…!

Aunque también es molesto que como hombre trans esperen que seas ejemplar. Siento que es también una carga que te echan:

―Eras mujer, ahora eres hombre. Entonces tienes que ser un ejemplo a seguir.

Creo que cada quien comete los errores que debe cometer. Cada quien es libre de hacer su vida. Antes sí sentía esa carga, que como eres hombre trans, con los compañeros, o

incluso con las mujeres trans, te dicen:

―Como hombre trans tienes que hacer tal cosa; ser así y no asado…

O también te ponen de modelo:

―Mira a Oli: él no habla así…

No me gusta, o por otro lado, te dicen que eres muy amanerado. Y tal vez tengo actitudes de antes, pero no las noto. Yo les digo:

―Pues sí, así soy, y soy feliz. ¿Te ofendes?

O sea, no todos. Pero sí algunos hombres trans reproducen estos estereotipos machistas, y curiosamente los más retrógradas.

Esas actitudes que tenía yo al principio, a mí la verdad no me gustaron, no me sentí cómodo en ellas y me las quité. Como lo que pasa con algunas mujeres trans y los concursos de belleza, que se ve a la mujer como objeto. Yo creo que están entonces adoptando un esquema cuadrado, aun siendo hombres y mujeres trans.

Por otro lado, veo que muchos hombres transexuales tienen esto de que luego de que hacen su transición, a muchos les comienzan a atraer los hombres…

Yo pienso que pasa más un tiempo después de que inician su transición, que comienzan a sentirse atraídos por otros hombres, y dicen:

―Es que a mí la hormona me hizo gay.

No sé… Yo siento que en realidad siempre te gustaron los hombres, pero los rechazabas, porque en esto de que ahora también eres hombre trans, tienes que entrar en el prototipo de un hombre… De un hombre heterosexual. Y muchos dicen:

―No, pues ahora siento esta presión, desde que soy hombre trans, y me considero heterosexual, o sea, que me gustan las mujeres, pero ahora empiezo a sentir atracción por los hombres… ¿Qué me está pasando?

A mí nunca me pasó, porque siempre, desde antes de iniciar mi transición, me han gustado las mujeres. Y los hombres que son guapos, pues son guapos, pero sexualmente, o amorosamente, pues no, no me atraen.

Algunas personas creen que por ser hombre transexual pasas como invisible, y ni quién se entere que tú eres trans, hasta que tú lo dices.

Muchos lo ven esto a favor, y otros en contra. Sobre los hombres trans casi no hay nada de información, ni en Chiapas ni a nivel nacional. Hay muy poca.

Yo considero que no es una responsabilidad ni nada, pero sí hay que contribuir a hacernos un poco más visibles. Porque las mujeres trans ya están, ahora sí que ellas han sido las que han hecho nuestra lucha. Y nosotros, ¿qué hacemos?

A muchos les basta con que les crezca barba, hacerse la mastectomía, y pues ya, con eso están contentos, y está bien, muy respetable quien lo quiera hacer. Pero creo que aunque sea con dar mi testimonio en estas cuestiones, si puedo apoyar con esto poquito, adelante.

Con quienes he tenido definitivamente más problemas, ha sido con algunas mujeres.

Una amiga que tenía, que es feminista, cuando se enteró de mi transición, me dijo:

―¡Cómo te vas del otro lado, con los hombres que tanto daño nos hacen!

También me dijo de los privilegios masculinos y no sé qué, y que estaba traicionando a todas las mujeres. Ella sí, de plano, absolutamente dejó de hablarme. Era yo una traidora, a la causa y a mi propio sexo.

Mi expareja

Mi ex novia, que estuvo conmigo antes de la transición y me ayudó mucho, entró en un problema interno. Porque ella era lesbiana. Lo sigue siendo. Le gustan las mujeres, y se enamoró de mí como mujer, y ahora resulta que su novia es hombre…

Llevábamos un año de relación cuando yo se lo dije. Ella, al principio, se sacó mucho de onda y me reclamó:

―¿Por qué no me dijiste antes, por qué no me avisaste?

―Porque ni yo lo sabía, teníamos tres meses de relación cuando supe lo que es la transexualidad…

De hecho, no se lo dije directamente, de una sola vez, sino se lo fui soltando poco a poco: «a mí de niña no me gustaban los vestidos…». O cosas así. Hasta que le dije:

―Quiero empezar a tomar hormonas. Quiero ser hombre.

Ella se quedó callada, me escuchó y sólo dijo:

―Pues qué. Está bien, lo vas a hacer.

―Pues sí, pero quiero que me trates como tal, como hombre.

Antes de decirle, le hacía cariñitos. Pero cuando ella me los hacía, me trataba como ‘ella’, y yo le decía que no, que mejor me tratara como ‘él’. Pero mi novia todavía no sabía, eran estas cuestiones, estas identidades chiquitas. A mí me gustaba que cuando me las dijera, fueran a ‘él’, no a ‘ella’, y ahí como que ya fue entendiendo el porqué.

Ya como al mes, o mes y medio, me empezó a tratar como hombre. Y ella me ayudó mucho en la vestimenta, a vestirme:

―No te vistas así, mejor ponte esto.

Porque yo tampoco sabía cómo vestirme, y le decía que me gustaba esta ropa, pero ella me corregía:

―Esto no, no te combina. Usa tal cosa, ponte cinturón, fájate la camisa.

De hecho ella siempre me pastoreaba:

— Vístete bien. Ya cómprate tu binder, porque no se te ve bien que tengas pechos y te vistas como niño.

Pero ella me lo decía como lesbiana, como mujer:

―Sí, veo a los hombres, no me atraen, pero me gusta que se vean así.

Un día ella me dijo:

―¿Y ahora qué soy yo?

―Pues eres lesbiana. Te gustan las mujeres, pero ahorita estás amorosamente con un hombre… Trans, pero soy un hombre.

―¿Pero qué somos ahora?

―Pues lo nuestro se ha convertido en una relación heterosexual; pero físicamente te atraen las mujeres… O si te muestro a otro hombre, parecido a mí, ¿te sentirías atraída?

―Pues no, porque ahora lo que tenemos es emocional.

Con esta mi pareja, cuando teníamos relaciones sexuales, durante mi transición, como que ella quería hacerme penetración con sus dedos, y a mí eso no… No me gustaba.

Pero no porque eso haga que me sienta mujer, sino porque… pues no, no siento nada.

O tal vez sí. Tal vez son como cuestiones de mi cerebro, que niego, porque al fin y al cabo es una parte sensible.

Lo que a mí me gusta es el sexo oral, porque la parte del clítoris con el uso de las hormonas, se desarrolla y se hace como un pequeño pene, y eso sí me gusta mucho.

Ella siempre quedó, como dicen, en la parte pasiva. A ella le encantaba que yo estuviera ahí.

A mí me hacía mucha gracia, porque ella como lesbiana, me dejó hacer muchas cosas… masculinas, si se puede decir. Hicimos cosas de heterosexuales. Incluso le propuse alguna vez esto de los juguetes. Yo jamás los había usado y ella me dijo:

―¡Órale, pues! Vamos a probar.

Desgraciadamente, nunca llegamos a esa parte de los juguetes; pero sí nos encantaba hacer otras cosas. Y bueno, al final terminamos por otras cuestiones. O sea, no sólo fue lo trans.

Es muy complicado. Creo que lo verdaderamente complejo con la pareja, es esta necesidad de definiciones… Estas relaciones, como por ejemplo, entre lesbianas y en general en la comunidad LGBT, tienden más a ver estas cuestiones como un asunto de orientación sexual.

Pero la transexualidad algunos la rechazan y siento que terminan diciendo como mi novia:

―¿Y ahora qué soy?

Entonces, a ella al final sí le hizo corto circuito esto de cómo definirse a sí misma.

―Yo te busqué porque eras mujer, y ahora resulta que eres hombre, pero a mí me siguen gustando las mujeres. Si te amo y todo, pero… ¿ahora qué?

Gracias a su apoyo, fue que pude salir a esto que ahora soy. Siempre estuvo ahí.

Aunque para ella también fue difícil. Compartir esta etapa con ella, fue muy importante. Yo le agradezco mucho, que me acompañara en mi transición.

Le voy a estar eternamente agradecido. Compartir esta etapa con ella, fue muy importante. Yo le agradezco mucho, que me acompañara en mi transición. Le voy a estar eternamente agradecido…

De hecho, ahora mantengo relaciones sexuales con una chava. Yo le pregunto:

―Bueno, ¿y tú cómo me ves?

―Pues te veo como hombre, pero de distinta manera, no te veo como a los demás, pero sí te percibo como hombre…

―¿Y no te consideras lesbiana?

―No. Porque las mujeres no me gustan, y tú ni pareces mujer. Tal vez siento que tienes algo como femenino, pero como mujer no te veo.

Hace poco, esta otra pareja me acompañó a una de estas tiendas, sexshop, y me dijo:

―¡Pero yo qué voy a estar pensando en eso con mis otras parejas hombres!

―Pues experimenta conmigo, si dices que soy distinto, órale, vamos a una tienda y vemos.

Y fuimos.

Pero ella dice que conmigo casi no le gusta eso de usar juguetes. Le gusta más oral y el toqueteo. Y bueno, como la relación inició así, pues le gusta; aunque también a veces sí disfruta esto de jugar con los juguetes.

Para mí es padre esto, de experimentar, y que ella también tenga una experiencia nueva conmigo. Aunque esta relación es sólo sexual. No pensamos en hacer pareja.

Pareja y trabajo

Ahora estoy jugando en otra liga. Las mujeres que buscan algo conmigo, están buscando a un hombre, y pues… el falo, pues… Están buscando eso también.

¿Por qué? Pues porque se sorprenden con la vagina. O sea… yo siempre he dicho que vagina y pene no es lo mismo a mujer y hombre.

Ahora con mi transición terminada, sí me he planteado la posibilidad de tener otra pareja. De hecho, ahorita me hablo con una compañera, de ahí del trabajo, y como que me sigue el cotorreo, y le digo que la considero muy atractiva y todo, pero así, muy normal, y ella se me queda viendo, así como:

―Qué raro que no me estás tratando de llegar ni nada.

Pero creo que ya… Venir y decirle:

―¿Sabes qué? Es que yo soy un hombre transexual…

Es un punto para el que aún yo no creo estar listo. O sea, en el trabajo no saben que soy hombre trans, porque es algo que si lo sabe fulano, ya los otros lo van a saber, y creo que es algo delicado, que si en su momento llega a pasar, pues, hay que saber abordarlo, ¿no?

Y bueno, por el momento, tampoco veo el caso de decir:

―Jefe, compañeros, ¿saben qué?, soy trans…

Como sea, en mi trabajo, nadie se da cuenta que soy transexual. Pero sí a veces llegan a decir que soy un poco amanerado, o:

―Parecés mampo, parecés gay.

―No lo soy, pero si tú crees que soy gay, por mí no hay ningún problema, para mí no es una ofensa que pienses que soy gay.

Porque puede ser que para ellos esté en duda mi orientación sexual, pero mi masculinidad está intacta. No entro en su juego, porque creo que como sea, quedamos con comportamientos de antes de la transición .

O luego se la pasan viendo a las mujeres y me dicen:

―Vas a ver, ahorita vienen unos pinches culitos y cosas así, pero yo no…

A veces siento esas presiones, más ahorita en el trabajo, de esta masculinidad agresiva, tomadora, y sí es difícil, porque a veces es viernes y luego me dicen:

―¡Vamos, Oliver a echar trago!

Y es difícil, porque siento que a pesar de todo esto, estoy creando vínculos muy bonitos con mis compañeros, y ellos pues no saben qué onda. Pero sí se quedan diciendo:

―¿Ora qué se trae éste, que es medio amanerado, y no toma ni fuma. Este chavo es distinto.

Siento que tiene que ver mucho la educación que tenemos en casa, y el trato depende de cada quien. Ahí también entra en juego mi experiencia anterior. Siempre he dicho que hay que tratar a las personas como quieres ser tratado. No creo en eso de tratar a la gente como te traten. Yo creo que primero hay que tratarlos como me gustaría que me trataran, y si te trato bien, y tú me tratas bien, pues todo está bien. Ahora todo está bien.

Y como siempre he convivido con mujeres, sé cómo tratarlas. Con mis compañeros es algo nuevo, porque con hombres nunca había tenido este trato, y siempre me cohibía.

En este ambiente laboral, con todo y todo, me siento muy a gusto, porque poco a poco me voy desenvolviendo, me gusta eso de:

―Ayúdame con esto, apóyame con esto otro, échame la mano…

Y si no conozco algo, pues enséñame, si no lo sé, si la primera vez no lo hago bien, ya aprenderé, y a veces me retan, y me dicen «¿qué, no eres hombre?».

Porque, por ejemplo, tenemos que cargar bultos, bajar tortillas, y no tengo de por sí mucha fuerza, no hago mucho ejercicio. Y me dicen:

―Deberías hacer fuerzas, hacer cosas más varoniles, más de hombres.

Así el trato que a veces hay entre hombres, de andarse picando o retando, yo no lo hago. Porque no me gusta, no lo permito. Pero tampoco por eso me están tratando de que «pareces vieja» y cosas así.

Una vez me llegaron a tocar el binder, esta faja que presiona mis pechos, y me han dicho:

―Oye, ¿por qué usas eso?

Y yo les respondí que es para mi espalda.

No sé. Es que siento que estoy en un ambiente en el cual digo que si soy transexual, me van a empezar a hacer bullying y cuestiones así. Y pues es algo que yo no he sacado para ver cómo van a reaccionar en mi ambiente laboral.

Mi mamá se preocupa mucho, porque dice:

―Cuídate, qué tal si te hacen algo o te molestan.

―No te preocupes, mamá, yo te entiendo pues, como madre, que te preocupes cuando yo te dije cómo era, que pensaras que me fueran a hacer algo en la calle. Pero ahora sí, que si eso pasa en algún momento de mi vida, pues eso lo tengo que enfrentar solo. No te preocupes por mí.

Incluso ahorita, no le gusta que salga solo y me dice:

―No porque creas que te ves así… qué tal que vienen, te destapan, te ven y abusan de ti.

―No, mamá, cómo crees, si ya sabes que yo soy bien tranquilo. Tú me educaste, tú sabes que yo los problemas los soluciono como me enseñaste, ya sea como hombre o como mujer, la educación que nos diste a mi hermano y a mí fue por igual. Nunca hubo esta separación de que tu hermano, por ser varón, va a hacer estas cosas y tú, como eres mujer, vas a hacer estas otras, sino que nos educaste por igual.

Siento que le ha costado mucho trabajo. Creo que siempre tiene este miedo de que me pase algo. Porque eso de traer una fajina y que un hombre te descubra, un hombre de esos, machos, que pueden reaccionar violentamente, implica una violación casi segura, o una madriza y yo creo que eso es lo que le da miedo…

Muchas preguntas, pocas respuestas

A veces piensan que como hombre trans vas a cambiar y vas a caer en la perdición, vas a tomar, a fumar, a tener vicios y yo, la verdad, desde antes, no tomo. Porque mi papá era alcohólico. «El donador » era alcohólico. Mi mamá me contaba. Nunca me ha gustado ese tipo de ambiente.

No me gusta en mí esa idea de una mujer que siente que es hombre.

A mí, la verdad, no me gustaba esa imagen de verme todavía como mujer y vestirme como hombre, o sea, tuve que estar en terapia de hormonas para hacer un cambio. También en mi ropa, en mi forma de vestir. Porque rechazaba esa idea de tener un cuerpo muy femenino y vestido de hombre, algo intermedio, ni siquiera eso. Porque una mujer vestida de hombre, no me gusta.

Yo usaba mucha ropa neutra, pantalones y blusas, nada masculino, pero tampoco nada femenino, algo neutral. Y ya, al final, cuando vi todos los cambios hormonales que empecé a tener, que ya pasaba como niño, me empecé a cambiar, a vestir de hombre, con camisas y todo.

He visto muchos videos y testimonios en internet de gente transexual que dice que tuvo una vida terrible y tuvo muchos problemas y puras cosas negativas acerca de la transexualidad.

De hecho, antes de ser transexual, o mejor dicho, antes de descubrirme, porque transexual siempre he sido, pero no lo sabía, yo era feliz. Vaya, en lo que cabe. Era en esos lapsos de mujer-hombre en donde yo no era feliz. ¿Por qué? Quién sabe, pero esto de que ponen pura negatividad, yo nunca he sido negativo, no me gusta. Pero cuando vengo y descubro y asumo mi transexualidad, cuando vi los videos y todo lo que implica, me volví muy pesimista, chocante, empecé a ser infeliz, y me dije:

―¿De verdad quiero esto para mí? ¿De verdad soy un hombre trans? ¿O mejor sigo como antes era? Porque si esto implica ser trans…

Llegó un momento de muchas dudas, pensaba cosas, como por ejemplo:

―Y en cinco años, ¿cómo me veo? Si tengo que vivir toda esa depresión, vale la pena. Órale, pues, nos lo chingamos.

Y yo solito me respondía:

―En cinco años no me quiero ver así como estoy. Quiero verme y sentirme como hombre, yo no sé cómo, pero como hombre.

En ese momento fue cuando me decidí y dije:

―¡Pues adelante! Pero ya no voy a dar un paso atrás y tendré una historia que contar y si tengo hijos, nietos, puedo contarles. ¿Saben qué? Su abuelo, iba a ser su abuela…

Siento que cada quien tiene sus luchas y hay que agarrarlas.

Pues la verdad, ahora me imagino haciendo negocios, con amigos, porque me encanta hacer amigos, viviendo tal vez solo, o en pareja. No me veo mucho en familia, eso es cuestión como que me veo solo, con mi pareja, porque por mí, quiero antes hacer más cosas.

Si puedo ayudar en estas labores, no tanto como activista, pero sí que me inviten a dar mi testimonio, ¡órale pues!, vamos, creo que una cosa es apoyar. Pero no pienso dedicarme al activismo, es algo muy punto y aparte en mi vida.

Con el tiempo, no sé. Me gustaría tener mi casa, un terreno, un rancho para tener animales, esta comunidad con la naturaleza, y no sé, estar administrando. Yo estudié administración, eso es lo que me mueve.

En fin, que en cinco o diez años… quiero ser diez años más feliz de lo que soy ahorita.

Y la felicidad, ¿cómo la alcanzo?

Eso es algo gracioso… yo antes pensaba: «para ser transexual, tienes que llegar hasta un punto y a ser feliz. Que si la terapia, que si las hormonas, que si las operaciones, que si tus documentos, que si tal cosa…».

¡Y yo ya era feliz!

Aunque sí tenía mis momentos raros. A mí nadie me enseñó un manual de cómo ser transexual. Y llegó un momento en el que me dije: «si voy a estar con mis hormonas, cada que me inyecte voy a estar feliz por ver los resultados, voy a estar contento con mis cambios. Que sean poco a poco».

Yo veo que muchos se quejan: «que no he perdido mi menstruación… Que no me crece vello… Que no me ha salido barba….». ¡Y yo disfrutaba cada pelito nuevo que me estaba saliendo!

Con mis cuestiones genitales, nunca he tenido problemas. Sólo con mis pechos y esos los tenía desde antes de que hiciera mi transición. Me ponía blusas y ver ahí mis pechos, como que ¿qué hacen ahí? Nunca me identifiqué con ellos, no son míos, sólo están ahí porque ahí crecieron. Y pues, ya sin esto, cuando me los quite, ya voy a estar más cómodo, porque ahorita, en estos momentos, lo que me molesta son mis pechos, pero ya pronto, espero, me los quitaré…

Estoy muy contento, porque mi mamá me va a ayudar. Me va a prestar para la operación de mis senos, que me la voy a hacer muy pronto. Ella va a pedir un préstamo y yo se lo voy a ir pagando. Esto es muy importante para mí, y más que mi mamá me ayude.

Creo que mis momentos más tristes fueron de niño, por estas cuestiones de que si soy niño, o niña, o qué soy. Creo que mis problemas más grandes han sido con esto de que si eres niña, tienes que hacer tal cosa, y si eres niño, entonces tal otra.

Igual, una vez, hace mucho tiempo, de niño, me hice un rayón acá en el tobillo, todavía tengo la marca… Estaba en una depresión y me rayé con algo. Dice simplemente «NO».

Prefiero no acordarme de cuestiones tristes.

¿Qué representaba ese NO? La verdad, ni yo lo sé, no recuerdo. Era sólo un NO, por todo. Era un niño haciéndose cosas… Creo que estos momentos depresivos, que lloraba y decía «¿para qué nací?, ¿por qué carajos me tuvieron?», siempre fue por problemas con mi hermano y con mi mamá. Pero fueron desde chiquitito, que siempre fui muy triste, muy decaído.

Me molesta que si una niña actúa como niño, ya la catalogan de entrada como «niño trans». ¿Qué tal que es sólo una niña que está explorando? Este afán por clasificarlo todo…

Me gustaría que todos tuviéramos la libertad de jugar y de explorar con tus carritos, o tus muñecas, sin que te cataloguen de entrada como niño, o niña… ¡Pues quién sabe!

Porque tengo una sobrinita, que no le gustaban los vestidos y tal. Actualmente ya está en la adolescencia, y antes hacía lo mismo que yo. Y decía mi mamá:

―¿No será que va a ser igual que tú?

―¡No, mamá! No es obligado que por estas cosas sea como yo.

Me imagino que ella pensaba: «mi hija va a ser como yo». Y entonces resulta que «¿cómo que mi hija es mi hijo?».

O por ejemplo, mis sobrinitos chiquitos se me acercan y me preguntan:

―¿Y tú qué eres: niño o niña?

―¿Y tú cómo me ves?

―Pues como mi tío.

―Entonces, soy tu tío.

―¡Pero yo quiero que seas mi tía!

―¡Pero yo no quiero ser tu tía! Tu tío es mejor.

―¡Bueno, pues! Está bien, eres mi tío.

¡Jajajaja!

Estas cuestiones con mis sobrinitos, creo que lo toman muy bien, sin tantas complicaciones. Aceptan y ya. Si soy su tío, soy su tío, y a otra cosa, mariposa.

Siempre tuve esos problemas de niño, ocultar lo que sentía, porque eres su niña, y mi mamá tuvo niño y niña y ya no tuvo más hijos, porque ya tenía «la parejita». Y ahora sí que como dice el Chapulín Colorado: «¡no contaba con mi astucia!», ¡jajaja! Le salieron dos varoncitos.

Yo creo que también es una transición para los papás, porque como ella me dice:

―A mí nunca nadie me dijo que ibas a ser así. Si hubiera sabido antes, pues ahora sí que quién sabe, no te puedo contestar… Y como que queda en duda qué hubiera pasado…

Depresión e intento de suicidio

Hace menos de un año tuve un problema fuerte y entré en crisis: «no tengo pareja, ni trabajo, no tengo para mis operaciones…».

Le tomé a mi mamá unas pastillas de Clorazepán, que son somníferos. Me eché siete. Eso mi mamá no lo sabe. Todavía está preguntándose dónde están sus pastillas.

Ella me encontró en el baño, dice que balbuceaba mucho y yo realmente pensé: «pues me duermo y ya no despierto». Y sí, me dormí. Estaba platicando con ella, y de repente, me fui. Medio recuerdo, porque me movían mucho, que me bajaron a la sala, con varios vecinos. Una vecina me dijo:

―¡Espera, no te levantes!

Yo me levanté y les dije:

―¡No tengo nada, no tengo nada!

¡Y voy pa’ tras! Ni sentí el golpe en la nuca.

Dicen que me llevaron al médico, no sabían qué tenía y luego ya me fui con unos mis familiares que viven en Comalapa y me dijeron que qué tenía, que qué tomé, pero no les dije nada. No les he dicho que al fin tuve el valor de tomar algo y ver qué me pasaba, si ya no me levantaba. Pero ésa fue la única vez que tomé cosas para acabar con todo.

Ahora ya no. Ya acepté. Eso de las pastillas fue hace ya como un año, yo sí pensé que me iba a morir. Hasta había dejado unas cartas. Pensaba que algún día iban a sacar mis cosas y aparecerían. En ellas le agradecía a mi mamá todo. Le decía todos los problemas que siempre tuve, me despedía también de mi hermano, de partes importantes en mi vida.

A mi hermano también le dejé una carta, le dije que aunque nunca tuvimos una relación cercana, pues lo quería y que sabía que si tenía un problema fuerte, pues ahí iba a estar, pues es mi hermano. Al fin y al cabo dicen que la sangre llama…

Ahora pienso que si pudiera hablar con ese muchachito que pensaba en tomarse las pastillas de su mamá, le diría que está todo loco, que no está todo tan perdido, que al fin y al cabo sí te van a aceptar, ya vas a trabajar.

También eso de que no tenía trabajo, ni estaba estudiando, esa parte que te sientes inútil, eso de que no haces nada, porque estás en tu casa y ya, pues te pone depresivo. ¿Y pues qué más? No puedes trabajar, ni estudiar nada, porque te faltan tus documentos.

Y entonces, cuando me tomé los somníferos, me dije:

―A ver qué pasa, si nos morimos, pues ya nos morimos, y si vivimos, pues ni modo, no funcionó…

Pero qué bueno que no pasó a más, y parece que no me morí… ¡Jajajaja!

Yo creo que mi mamá sí ha llegado a pensar que me tomé sus pastillas, pero no me ha dicho nada.

A veces me gustaría que me dijera qué piensa o qué siente. Pero no sé. Siento que los familiares cercanos, más los padres, viven una transición y a veces esa transición es traumática…

―No puedo con esto. Éste no es mi hijo, ésta no es mi hija. ¿Pero quién es? ¿En qué fallé?

Hasta me llegó a preguntar eso, si ella falló en algo. Le dije que no. Hay cosas que ya no se pueden remediar. Ella sola nos educó y lo hizo bien.

Él es mi hijo

De un tiempo para acá, he visto un cambio en mi mamá. Noto que hace un esfuerzo por comprender.

En mi casa no pensé que fuera a estar a gusto como Oliver, ser aceptado. De hecho, yo nunca pensé que yo iba a tener esta aceptación con mi familia.

Yo creo que en esta parte, con mi familia extendida, mis tías, tíos, primas, primos, gente cercana a la familia, mi mamá nunca me lo ha dicho, pero yo creo que ella habló con ellos para explicarles qué cosa me estaba pasando. Porque yo nunca tuve que involucrarme y decirles:

―Soy hombre trans. Quiero que me traten como Oliver.

Como que llegaba un pajarito y les decía:

―Trátenlo ya como hombre. Ha cambiado.

Y ese pajarito era mi mamá, bajo el agua, ella me estuvo apoyando.

Tenemos una familia muy grande y no ha sido fácil. A veces sí me tratan como niña y sí he tenido momentos amargos. Pero entonces, en dos o tres meses, pensaba, ya me van a tratar de hombre, pero socialmente, porque en cuestión familiar, ya tenía claras las cosas que en ciertos lugares iba a estar cómodo y en otros no.

Hace unos días habló su compadre, mi padrino de mis 15 años. No me hicieron fiesta, porque yo no quería, pero me llevaron un mariachi y me regalaron un iPod, que ahí lo tengo todavía guardado de recuerdo, porque para mí es importante, porque respetó eso de que yo no quería fiesta, y ahí está mi iPod. El gusto de darme eso y ya, ahí lo tengo, guardadito…

Ese su compadre ya tenía tiempo sin que él me escuchara, y me dijo:

―Quiero hablar con la maestra.

Se la pasé y yo escuché que le preguntó a mi mamá quién le había respondido.

―Es mi hijo.

―No, Oliver.

―¿Quién? ¿Jonathan?

―No. Oliver.

Y que empieza a contarle, yo creo que le preguntó:

―¿Y cómo la ves, comadre?

Porque me imagino que con sus amigos les ha platicado de mí, de nuestras cosas, y escuché que le dijo:

―No, pues es mi hijo…

Y yo sentí bonito, porque aunque no hablamos mucho de esas cosas, observas a lo lejos y es padre, porque hay una evolución, una transición. No es tanto entre nosotros, así frente a frente; pero por otra parte, estamos construyendo, primero un ladrillito, luego otro, formando esta relación.

Pero creo que todos entramos en una transición y para mí es egoísta, quedarme nada más en esto de «yo soy hombre, y quiero que me trates como hombre», y ya. No. Cálmate. A nadie le puedes pedir que acepte así nomás que, por ejemplo… que seas gay, a lo mucho. Pero ya que vas a hacer una evolución, una transición, ora sí que como los pokemones, ¡jajajajaja! Es fuerte, ¿no? ¡Jajajaja! Como esos que eran ya maduros y evolucionan y se vuelven inmaduros, o al revés…

Tal vez en algún momento, me encantaría, que ella llegara y me contara:

―Estoy contenta por ti.

O que alguna vez platicáramos cosas, como:

―Fíjate que a veces me siento decaída…

―Yo también me sentía decaído por ti, porque te veo y nunca me hablaste. Gracias porque en mi transición no sufrí tu rechazo.

Yo me pongo en su lugar, que es difícil para ella. Fungir como papá y mamá. Porque por un tiempo tuve yo un papá, por cinco años, una pareja que ella tuvo. Y ese señor para mí pues es mi papá, el otro es «el donador», el que donó su esperma para que yo naciera. Pero ese señor para mí es mi papá, que tal vez nunca platicó conmigo de estas cuestiones, pero siempre me dejó ser…

O como mi abuelita, que siempre dejó que yo corriera, que me trepara a los árboles, y le decía a mi mamá:

―Deja, que se trepe a los árboles.

Esas cosas que yo quería tener con mi mamá. Pero pienso: «yo no soy ella, yo no sé por qué ella fue así, o es asá».

Tengo un mi primo, que es como mi hermano, que ayuda mucho a mi mamá, la quiere mucho y un día, ya me empezó a tratar de ‘él’…

Hace unas dos semanas, mi primo platicó conmigo. Me dijo:

―Estoy muy contento por ti. Te admiro, porque yo he visto que a veces te pones triste con nosotros, pero tratas de mantenernos estables. Si estás triste, vas, te encierras, pero no nos muestras esa carga que llevas… Estoy feliz de que ya tienes trabajo, que ya tu mamá te empieza a tratar como eres.

Y ahora, cuando yo no le dije nada, ella platicó con mis familiares. Creo que ha sido la cosa más bonita que ha hecho para acompañar mi transición: ayudarme a que los demás sepan, sin que yo me involucre, y decirles:

―Oliver ha cambiado, él es mi hijo, éste es mi hijo… Él está contento y yo estoy feliz.

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