La onda es soñar
La radio llega más lejos que internet en lugares como Chiapas. Y para la niñez, puede significar una ventana para el arte, la ciencia y la información.
Por Ulises Villalobos Publicado en Entrevista, Historias en 24 julio, 2020 Un comentario 31 min lectura
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Eran las mañanas frías. Nuestro hogar de entonces era, además, pequeño. Nos levantábamos temprano para ir a la escuela o, papá y mamá, al trabajo. Muchos de los días no llegaban con buena gana, pero mamá siempre nos levantaba con el llamado a desayunar, las quesadillas y el chokomilazo. Nuestra fortuna diaria.

Ahí, sobre una mesa pequeña, vivía en comunión con las frutas un receptor de radio que cambiaría nuestra imaginación. Mientras desayunábamos, mi familia solía sintonizar la radio para escuchar qué nos podía deparar el camino. Pero una mañana hubo más suerte: de una de las vueltas de la perilla surgió una música distinta. De inmediato alzamos las orejas. Era Vivaldi o Bach o Mozart o Beethoven, no lo sabíamos, pero nos llevaba a un mundo, hasta esa mañana, desconocido.

A partir de ese día, que pudo ser cualquiera de hace más de quince años, de la radio nos llegaron fábulas, música, invitaciones de ensueño, para nosotros, los niños. Por supuesto, me refiero a Radiombligo, un programa que alimentó sonrisas, imaginación y ganas de cantar, para miles de niños y no tan niños. Saber que había alguien tras la radio, contándonos fábulas entretenidas, llenas de efectos musicales –que ahora que lo pienso, qué labor tan difícil–, era reconfortante.

Ahora entiendo mejor la emoción de papá, al contarme las aventuras de Kalimán y de lo privilegiado que se era antes por tener un radio, qué decir del televisor. La internet es una herramienta maravillosa, por cierto, tal vez no tan lejana de esas experiencias.

Hoy, Radiombligo quiere regresar a transmitir todos los días de la semana. La radio sigue siendo un vehículo poderoso, sobre todo en un estado como Chiapas, donde sólo un poquito menos de la mitad de sus habitantes cuenta con conexión a internet. Y lo que eso significa, ahora que la actual pandemia ha obligado a trasladar actividades como la educación, al medio digital.

Las realidades pasan muchas veces por encima de nosotros. Por fortuna, hay quienes intentan desde sus espacios construir un mundo distinto. Como las personas y vacas que desde el Cerro del Rebote, envían señales a los niños y niñas madrugadores de México. Uno de ellos me ha invitado a ese hogar, donde la literatura, la música y el cine charlan entre ellas y se han puesto de acuerdo, muy seguido, para llegar hasta nosotros durante más de dieciocho años.

Música y literatura

Me encuentro con un amigo de la niñez, de esos que te enseñan su música, que te cuentan aventuras y no tan aventuras, y de quienes terminabas aprendiendo un montón. He venido a su hogar. Estoy con Raymundo Zenteno o, como también se le conoce: Raymundo Zopilote. Raymundo, es un honor entrevistarte, para hablar de tu trabajo y de lo que atraviesan miles de niños durante esta pandemia. Me gustaría que te presentaras, para el público que no te conoce o que no te ha escuchado.

Raymundo Zenteno, creador de Radiombligo. Foto: Ulises Villalobos.

Bueno, Ulises, bienvenido al Cerro del Rebote. Yo soy Raymundo Zopilote en el ambiente fantástico. Comencé en 2002 un proyecto para llevar a la niñez de Chiapas (pero también a la mamá, al papá, a los abuelos), literatura y música. Eso era muy, muy importante para mí, porque el arte es transformador, el arte es muy necesario. Es como la vitamina, la proteína: todo lo que necesita el cuerpo, también lo necesita el espíritu. El arte es eso para el espíritu. Es darle buena condición y esa era la idea de Radiombligo.

Durante todo este tiempo logramos bastante nuestro deseo, no sólo de llevar buena música y literatura, sino hacerlo desde un ambiente fantástico: el Cerro del Rebote, en donde estaba una vaca que quería escuchar ópera, porque si se deprimía, sólo la ópera la podía sanar. Gracias a la vaca, el público entero escuchaba a Maria Callas o Enrico Caruso. Y gracias a que había un aprendiz de poeta, Osvaldo Ratadiule, pues todos escuchábamos poesía. Y también, gracias a que había una Tania Gaviota, que desde pequeñita se escapaba de casa para meterse a la biblioteca del pueblito, pues gracias a Gaviota oímos muchos, muchos cuentos. Y también conocimos a Geracio Contreras, con su gran capacidad para imitar montones de personajes. Él mismo era Kalimán, un Kalimán que México dejó de escuchar hace muchos años, pero que en Chiapas se conocía muy bien. Y bueno, también doña Eulolia San Martín de los Campos, una morena cocinera que al principio de Radiombligo era analfabeta y aprendió a leer.

Si una carta nos llegaba diciendo que una familia estaba muy triste porque se le había muerto su gato, hacíamos un programa especial para consolar a esa familia y hablábamos de los gatos: canciones de gatos, poemas de gatos, hacíamos labores para confortar corazones. Por supuesto que, cuando ya hicimos el recuento, en Estados Unidos dijeron «no pues, este proyecto está bien chido».

¿Sabes cómo aprendió a leer? Ella decía que no necesitaba de la lectura. Llegaba un chico que estaba enseñando a leer a los adultos y ella dijo: «no, yo no necesito de esto, si yo me porto bien, si yo soy muy inteligente, yo pa qué quiero aprender; mi comadre Angelina, por aprender a leer, se enteró que su marido la había dejado por otra. Lo leyó en el periódico». Así que doña Eulolia dijo: «yo pa qué aprendo». Sin embargo, don Ramiro Carretero, su esposo, que tampoco sabía leer, él dijo: «yo sí quiero aprender». Y aprendió don Ramiro, primero, las cinco vocales. Y se dio cuenta que Eulolia, su esposa, tenía las cinco vocales, y entonces en su segunda clase ya sabía escribir «Eulolia, te amo». A Doña Eulolia le conmovió tanto ver que su esposo se había esforzado por decirle que la amaba, (porque él nunca hablaba, era muy serio, pero lo escribió), que ella también decidió aprender a leer. Bueno y así muchas, muchas historias a través del ambiente fantástico en el Cerro del Rebote, donde estaba también Raymundo Zopilote, que me tocaba hacer a mí. Así llegaron muchas historias, de libros de Argentina, Colombia, Brasil, de Cuba (que Cuba tiene una gran tradición poética, entonces su música y sus cuentos están llenos de poesía), y de México. Muchos grandes escritores, pero también músicos, pudieron ser conocidos por el público de Radiombligo. También oyeron música en inglés, francés, italiano, italiano, portugués, alemán, en idiomas muy extraños como el euskera, que dicen que es un idioma que proviene de los insectos, porque no tiene familiaridad con ningún otro idioma. Tú oyes francés, bueno, y es como primo hermano del italiano, del español, del catalán, de muchos idiomas. Pero el euskera no se parece a nada. Entonces, en el Cerro el Rebote, descubrimos que tenía su origen en los insectos.

Pero Radiombligo no sólo se centró en Chiapas, sino que ha llegado a todo el país e incluso fuera de él, y ha recibido por ello reconocimientos internacionales. ¿Nos podrías contar cómo fue esta experiencia para ti?

Sobre los reconocimientos, Radiombligo no ha ganado ningún reconocimiento estatal ni nacional, puros internacionales. Ganamos cuatro veces la Bienal Internacional de Radio y también nos llevaron a la Casa Blanca. Hay un premio que da el gobierno de los Estados Unidos; se llama Coming up Taller Award. Lo dan en la Casa Blanca, lo da la esposa del presidente, en ese tiempo era Michelle Obama. Premian a los proyectos que impulsan las artes y las humanidades entre niños y jóvenes. Ellos creyeron que nosotros éramos merecedores de ese premio, por todo lo que habíamos hecho. Porque cuando decidimos competir, tuvimos que hacer un recuento de lo que hacíamos. ¡Hasta nos asustamos de ver cuántas cosas hacíamos! También hablábamos de proyectos de salud, de deporte. O si una carta nos llegaba diciendo que una familia estaba muy triste porque se le había muerto su gato, hacíamos un programa especial para consolar a esa familia y hablábamos de los gatos: canciones de gatos, poemas de gatos, hacíamos labores para confortar corazones. Por supuesto que, cuando ya hicimos el recuento, en Estados Unidos dijeron «no pues, este proyecto está bien chido».

Un señor, Zopilote, Zopilotita y Michelle Obama dos segundos después de decir «no, pues este proyecto está bien chido». Foto: cortesía.

Nos abrieron las puertas de la Casa Blanca. Pero además, nos llevaron a recorrer muchos museos en Washington, y eso fue bien, bien bonito. Nos sentimos muy orgullosos cuando estábamos allá. Recuerdo que yo me sentía con un nudo en la garganta, porque dije «éste es el premio para nuestro público». Antes dije que no habíamos ganado ningún premio en Chiapas. Pero no es cierto, porque tenemos un público que, con mucha gratitud, nos devolvía las muestras de cariño de Radiombligo; nos han mandado muchas cartas; cada que pueden nos besan, nos abrazan, nos regalan cosas cuando hemos estado con problemas económicos. Porque hubo un tiempo en que no nos pagaban. Una vez trabajamos once meses sin que nos pagaran. Pues entonces, tuvimos que hacer una kermés y la gente llegó a darnos de todo. Entonces, el premio de ese amor del público, creo que no hay ningún otro programa en la historia de Chiapas que haya sido tan querido como Radiombligo.

El descuadro de honor

A través de programas como Radiombligo, los radioescuchas de Chiapas han podido conectarse con la literatura y la música. ¿Cuál es la relación entre cultura y educación, para Radiombligo?

En cuanto a la educación formal, Radiombligo no se ha querido meter mucho. Sobre todo, hemos querido que cambie la perspectiva de la niñez y de los maestros. Que sepan que aprender es muy bonito, que estudiar es muy bonito, que hay que amar el conocimiento. Eso es más importante que tener un lugar en el cuadro de honor de la escuela. Porque en el cuadro de honor premian al que salió mejor en las materias que te enseñan en la escuela, lo formal. En Radiombligo decíamos que tiene que haber un cuadro de honor… ¡y lo hacíamos! Jugábamos a premiar al niño, a la niña, que sabían ser mejores amigos, a los que compartían de su sandwichito. El que contaba mejores chistes, por ejemplo, estaba en el cuadro de honor de la simpatía. Una niña que bailaba súper bien, en el cuadro de honor de la danza. Un niño que se la pasaba dibujando y lo regañaban por eso, pero a él le gustaba dibujar, pues le dábamos el premio de honor de las artes plásticas. Entonces, tal vez eso es lo que más hemos intentado hacer.

Jugábamos a premiar al niño, a la niña, que sabían ser mejores amigos, a los que compartían de su sandwichito. El que contaba mejores chistes, por ejemplo, estaba en el cuadro de honor de la simpatía. Una niña que bailaba súper bien, en el cuadro de honor de la danza. Un niño que se la pasaba dibujando y lo regañaban por eso, pero a él le gustaba dibujar, pues le dábamos el premio de honor de las artes plásticas…

Otro ejemplo. Poníamos muchas canciones donde aprendíamos el alfabeto cantando, y ese alfabeto lo cantábamos en el programa, lo cantaba Emilia, que era un disco que así se llama: Los cuadernos de Emilia. Era el alfabeto en inglés, en español, en francés, en griego, pero también los días de la semana, los números. El niño no tiene que ver la escuela como algo indeseable, sino que el profesor tiene que ser un guía para que el niño y la niña descubran. No tiene que ser una cosa que almacene conocimientos. Todo el tiempo Radiombligo procuró enseñar eso. Creo que ese vínculo que puede haber es que Radiombligo procurara el estímulo por el amor al saber y no por intentar enseñar.

Las cartas del mago

Antes de Radiombligo, ¿te dedicabas a algo más? Sabemos que eres escritor, y por ahí leímos que enviabas cartas, que tenías mucha comunicación importante con niños de poblaciones rurales, de la ciudad, de la costa… Háblanos un poco de esa experiencia.

Antes de Radiombligo, como unos seis años antes, apareció en mi vida un personaje llamado Jartum. Yo estuve visitando bibliotecas en Chiapas y me di cuenta que los libros que se consultaban eran los de historia, de geografía, las enciclopedias y los diccionarios. En ese tiempo no había internet. Entonces llegaban los alumnos a las bibliotecas a consultar esos libros. Pero los de literatura estaban tristes, llenos de telaraña, frustrados, queriendo escapar. ¡Preferían un incendio en la biblioteca a seguir encerrados! ¿Cómo llevar libros a los niños? Fue entonces que Jartum me habló al oído y me dijo: «pues que los libros lleguen a sus casas». Y lo hicimos a través de una carta donde se invitaba a un niño a vivir una aventura literaria. Y si la niña o el niño respondían la carta y le decían a Jartum «sí quiero ser tu amigo, ¿de qué se trata?», pues entonces Jartum les enviaba otra carta, pero ya con un libro. Con buenos libros, con buenos cuentos, dedicados.

El mago Jartum, por Yahaira Sánchez Villalobos.

Para ellos llegaba la primera carta de su vida por correo, y no electrónico, sino correo con estampilla, de las que lleva el señor cartero. Eran libros que se entregaban debajo de la puerta. Para esos chicos fue algo increíble. Y era no sólo en Tuxtla, sino también en lugares muy alejados. Jartum ayudó a conseguir direcciones a través de las casas de cultura y fue algo mágico. Me acuerdo que un niño, en Sabanilla, acababa de pasar la inundación, y dice: «Jartum, el monstruo Inundación se llevó mi casa, pero pude conservar los libros que me mandaste y eso me ha servido para sentirme acompañado». Otra niña decía: «Jartum, no sé por qué mi papá no me quiere, porque a mis hermanos sí los quiere y a mí no». Esa fue una carta. Después dice: «Jartum, ya descubrí por qué mi papá no me quiere: es que yo no soy hija de mi papá; mi papá es otro señor y yo no lo sabía, pero tú eres mi amigo, Jartum y por eso…». Entonces, Jartum, en el caso de esa niña, fue una figura muy importante para esa niña en el momento de descubrir su identidad.

Conté dos casos dramáticos. Pero la mayoría eran cuestiones de asombro, de alegría, de no tener el libro para hacer la tarea y escribir de qué se trata, de contarle a su amigo Jartum cómo le había ido en la aventura que estaba leyendo. Fueron como cinco años de cartas. Jartum tiene por ahí guardadas ¡como cinco mil ! ¡Y envío como cinco mil libros! Fue algo increíble, muy bonito.

Después de Jartum, estuve un año sin trabajar. Me puse a pintar, me puse a hacer otras cosas, hasta que apareció Radiombligo.

Además de la escritura,otra de las actividades en que te has desempeñado (y de la que hemos visto algunas imágenes en la web) ha sido la pintura. Mediante estos medios de expresión, ¿cuál ha sido la influencia en los niños?

Creo que lo importante es que sepan que tienen muchas capacidades. Eres un creador. Tú dijiste que soy escritor. Pues yo no me considero escritor, pero escribo. No soy pintor, pero pinto. Me gusta mucho crear, inventar. Sí escribo. Alguna vez escribí ensayo de manera juguetona y un ensayista me dijo: «oye, qué buen ensayo hiciste». Yo me quedé muy sorprendido, porque sólo estaba tratando de jugar a hacer ensayo. También me gusta hacer teatro, como actor y como dramaturgo. Yo creo que todos tenemos (y cuando digo todos, hablo de todas las personas de este mundo), tenemos capacidades creativas que debemos desarrollar. Algunas no te van a salir, aunque te esfuerces. Por ejemplo, yo no tengo un buen oído musical. Me encanta la música, pero desentono fácilmente. Es muy difícil. Yo quisiera cantar, pero tampoco me da la voz. Bueno, pero hay otras artes en las que sí puedo. Me gusta construir. Esta casita, yo la he ido modificando. Llega una amiga que es arquitecta y me dice: «es que tú tienes muchas nociones arquitectónicas». Le digo: «no, tengo mucha sinvergüenzada en la creatividad». Uno se tiene que atrever, tiene que crear en la cocina, en la fotografía, en lo que tú puedas, pero crearlo.

Los niños me han conocido en varias facetas de la creatividad. Digamos que ése es mi máximo aporte: que crean que se puede hacer mucho más de lo que se pueden imaginar.

La radio, vehículo de inclusión

¿Qué se necesita para que la radio infantil o juvenil llegue a todos los lugares más del estado: es decir, los Altos, la costa, las fronteras, la selva, los pueblos rurales…?

Bueno, el Sistema chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía tiene una red de catorce estaciones. Radiombligo llega (o ha llegado) a través de esa red a la costa, y a la montaña, y a la ciudad y a la orillita de la ciudad. Ha llegado a un público muy pobre y muy rico en todos los aspectos. ¿Qué se necesita? Como Radiombligo, es creer que es un público inteligente, sensible. Que tienes que considerar, por ejemplo, al hacer un programa para que te oiga el niño del campo, que no te van a escuchar si les hablas del campo. Te van a escuchar si les hablas de rock, de cohetes espaciales, de ciencia. Igual que el niño de la ciudad, te va a escuchar si le hablas del campo; hablarle de los gallos y los patos, aunque no haya visto nunca uno. Eso, en cuanto al contenido, en cuanto a cómo tienes que ver a tu público.

Se necesita que haya un gobierno inteligente (hablando de una red de estaciones, como el Sistema Chiapaneco), para darse cuenta de la gran influencia positiva que puedes dar; y que tu programa debe tener un lugar, y no sólo una hora diaria, sino una repetición en la tarde, y buscar el vínculo con estaciones comunitarias. Eso es súper importante y eso es en lo que he estado enfocando mi visión.

En Radiombligo necesitamos que el Sistema Chiapaneco vuelva a abrirnos las puertas como antes. Porque ahora sólo tenemos tres programas a la semana. Nos recortaron el presupuesto. Necesitamos tener más espacios en la radio pública, pero que se permita el vínculo con las estaciones comunitarias no sólo de Chiapas, sino de todos los estados. Radiombligo tendría que ser un programa que se escuchara en las radios públicas de México y en las radios comunitarias. Porque resulta que no hay programas así, que dediquen tanto tiempo y con mucha calidad a la niñez. ¡Y es muy necesario! La radio tiene que ser el gran instrumento para difundir la música, para difundir la lectura. Porque tú, Ulises, como radioescucha, escuchaste cuentos que leíste con tus orejas. Si compro un libro, lo leo, se lo leo a mi hija, se lo leo a mi vecino, tal vez se lo preste a alguien y tal vez se pierda mi libro y ahí terminó su historia. Pero si lo leo desde la radio, me van a escuchar miles. Pero si esa radio está conectada a estaciones comunitarias, me van a escuchar ¡diezmiles! Y si voy en la radio pública, ese mismo cuento lo van a oír ¡cienmiles! No hay mejor medio para difundir la literatura como la radio. Es leer con las orejas. Eso Ya se los comuniqué allá en México, en el Palacio Nacional. Ya les dije: «si quieren que funcione su proyecto de lectura, tienen que impulsar algo como Radiombligo, hacer una red nacional, ¡y van a ver cuánta gente va leer!».

Para llegar no sólo a esos lugares recónditos de Chiapas, sino a todos los lugares recónditos del país, se necesita un impulso a una radio como Radiombligo. Si es otra, está bien. Pero si no hay otra como Radiombligo, entonces tiene que ser Radiombligo, para hacer un gran proyecto nacional.

Metiéndonos en este tono, vamos a platicar un poco de algunos problemas por los que ha tenido que pasar, lamentablemente, Radiombligo. Por ejemplo, en 2017, el entonces senador Zoé Robledo escribió que la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía del Senado de la República aprobó un punto de acuerdo en el cual exhortaba al Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía, «a mantener, fortalecer, colaborar y coadyuvar en el desarrollo de programas con contenido infantil». Realmente ¿terminaron los problemas que mantenían en la cuerda floja a Radiombligo? ¿Aumentó la programación destinada al público infantil? ¿Qué ocurrió después de eso?

No. Sirvió para que se acelerara un poquito el pago. Pero hubo el cambio de gobierno y Radiombligo quedó fuera (estuvimos un año fuera). No funcionó como tenía que ser. No le hicieron caso, digamos. Tristemente es así. Es un poco difícil de entender. Pero uno tiene que ver que a veces esas puertas que se cierran tanto pudieran abrirte otras más importantes. Hay que tirarle a buscar esas otras puertas.

Zopi, el canditato

En las elecciones de dos mil dieciocho, fuiste candidato independiente para una diputación local. Cuéntanos ¿qué te motivó a participar de esa manera en la administración pública? ¿Qué experiencias te dejó?

Digamos que tú no tienes que hacer algo que otro puede hacer igual o mejor que tú. Si yo escribo cuentos o hago radio y nadie puede suplirme a mí, entonces yo tengo que seguir en eso. ¿Por qué entonces quise participar en la política y ser diputado? Porque me di cuenta que los diputados no eran un contrapeso en el Ejecutivo, que no cumplían su papel; y que los gobernadores en turno siempre tenían todo el poder, que controlaban al Congreso, y sin contrapesos, hacían lo que se les pegaba la gana. Entonces dije «alguien tiene que hacer algo; alguien tiene que llegar, ¿y quién, quién?, tiene que ser una figura pública». Yo platicaba con mis amigos y me decían: «no, pues tú, tú». «Yo no, yo me dedico a la radio». «¡Quién más, entonces!». Empecé a sentir esa carga. Lo platicaba y me animaban a que yo fuera.

Si algo yo quisiera, si algo pido, es que más ciudadanía ajena a los partidos se acerque y busque cómo estar dentro de la política, de los puestos que da la política y que participen más…

En ese tiempo, cuando me pasó por primera vez por la mente, ya no hubo chance de inscribirme. Cuando surgió el siguiente periodo electoral, yo seguía con esa indignación, con esa idea de que en el Congreso tiene que haber gente no vinculada a los partidos, sino gente vinculada a la comunidad. Entonces decidí inscribirme y tuve el apoyo de muchísima gente.

Sin mucho dinero y con muchas piedras que te hacen tropezar, porque no se la ponen fácil a los candidatos independientes, logramos como 9 mil votos, que eran muchisísimos. Me sirvió para conocer las colonias, la gente, las necesidades. Me sentí más convencido de que a esos lugares en el Congreso y en otras partes de la política tiene que llegar la gente. No hace mucho me buscó un partido, para que en el próximo periodo yo pudiera representarlos. Les dije que yo no voy por partidos. «Y no, que vamos a respetar tu individualidad y vamos a dejar que seas tú, porque en el partido ya nos dimos cuenta que tenemos que llamar a gente de la ciudadanía».

Logotipo de la campaña, en las pasadas elecciones. Foto: Ulises Vilalobos.

La verdad, he estado pensando más en proyectos culturales. Pero si algo yo quisiera, si algo pido, es que más ciudadanía ajena a los partidos se acerque y busque cómo estar dentro de la política, de los puestos que da la política y que participen más. Si todos los jóvenes que oyeron Radiombligo se hubieran sumado a la campaña, hubiéramos logrado mucho más todavía. Pero bueno, hay que aprender y seguir luchando. Quisiera a veces multiplicarme, que hubieran dos o tres yos, para que uno se dedicara al proyecto político y otro que se dedicara al cultural.

Radio en la pandemia

¿Qué diferencia haría una radio establecida durante, por ejemplo, este periodo de pandemia para los más más de dos millones y medio de niños en Chiapas, para los de México, e incluso de otros lugares del mundo?

Fíjate que cuando fue la epidemia de la influenza H1-N1, se suspendieron las clases y nosotros pedimos a la radio que nos permitieran estar dos horas aparte de nuestro programa de 7 a 8 de la mañana. Y nos dieron chance. Entonces estábamos de 9 a 11, creo. En esas dos horas leíamos cuentos de los libros de la primaria, teníamos invitados especiales, poníamos música. ¡Y teníamos mucho público! Así debería ser ahorita. Ahora Radiombligo es sólo lunes, miércoles y viernes, de 7 a 8 am. pero Radiombligo debería estar de 9 am a 12 pm, y tener invitados maestros que hablaran de muchos temas de la escuela, independientemente de que nosotros pusiéramos lo que sabemos. Tendría una gran penetración. ¿Pero cómo le haces, si no te dan la oportunidad?

La radio es el gran medio para todos esos lugares, que has mencionado, que acertadamente mencionas que no tienen acceso al internet, comunidades que ahorita estuvieran alimentándose muchísimo. Esos mismos programas de la mañana podrían repetirse por la tarde.

La radio puede ser muy divertida, pero debe ser también propositiva, inteligente. Tiene toda la posibilidad para enriquecer a la población. Si el niño no está aprendiendo una educación formal, por lo menos pudiera estarse alimentando en la otra parte, desde lo artístico. ¡Se pueden hacer las dos cosas! Yo me imaginaba que en esos programas llegara gente de ciencia, porque Radiombligo ha promovido muchísimo a la ciencia, ha promovido a la salud. ¡Eso estarían oyendo! Y aparte, que llegarían expertos a hablar sobre la pandemia, hablar sobre el virus, hablar sobre los cuidados. Cuando ya tienes un público cautivo, y cuando creen en ti, todo lo que les digas lo van a escuchar, lo van a atender. Me da muchísima pena que no nos dieran la posibilidad de poder incidir más en la gente.

¿Tienes alguna recomendación para que la familia pueda acercarle este tipo de experiencias a los niños de la casa, que pueden ser de lugares muy lejanos o de ciudades?

Yo no sé si me preocuparía tanto del niño que se encuentra más lejos, en zonas rurales. Porque ellos siguen saliendo de su casa, siguen corriendo, siguen jugando, siguen trabajando. Algunos trabajan y ayudan a su mamá, a su papá. Yo creo que en ellos no ha cambiado tanto la vida. Me preocuparía un poquito más por los niños de las zonas urbanas, que están más encerrados. Yo querría que esos niños pudieran aprender las cosas que hace la mamá, la abuela, que cocinen, que aprendan, por ejemplo… hay niños en zonas de ciudades que nunca han barrido, no saben usar un trapeador, no saben bolear zapato.

El sábado di un taller en San Cristóbal, con unos chicos que nunca habían hecho radio. Les ayudé para que pudieran grabar, en español y en tsotsil, su primer cuento. Fue una experiencia bien, bien bonita. Yo creo que hacia allá estoy yendo, hacia lo comunitario, y creo que el futuro de Radiombligo es ése: incidir más a través de las radios públicas de México y de las comunitarias

La vida en los hogares donde sí están encerrados, me imagino que sí ha de ser muy, muy difícil ahorita. Me cuesta mucho pensar que estén así. Y de nuevo, vuelvo a lo mismo, cuánto me habría gustado hablarles desde la radio. Y por lo mismo que no estoy con ellos en la radio, tampoco he desarrollado algún proyecto para hacer que se entretengan de manera creativa, inteligente. Pero sí me gustaría mucho que aprendieran a cocinar, que ayuden en casa, que sepan lo que es la vida de la mamá que se queda en casa, de todo lo que tiene que batallar. No sé… Necesitamos los medios para llegar a ellos. Tal vez, por internet. Todo este tiempo de la pandemia me he dedicado a escribir los programas. Por ejemplo, si oyes Radiombligo ahorita, no estoy hablando de la pandemia, porque estoy haciendo como un colchón de muchos programas. Porque mi tirada es para cuando logremos más espacios en las radios públicas y comunitarias, poner todo ese material a disposición. Ahorita, antes de que llegaras, estaba escribiendo un programa. Ayer grabé tres cuentos. Yo me he metido en la misma pausa, pero he procurado desarrollar estos proyectos.

Una última pregunta para el público, ¿en qué horarios podemos encontrar a Radiombligo, mediante qué frecuencia? Y con todo lo que ya nos has platicado ¿cuáles son los planes a futuro para esta estación de radio?

Radiombligo, lunes, miércoles y viernes. Los que ya escuchaban Radiombligo es en el mismo lugar donde lo escuchaban antes. Ya se oye en San Cristóbal, antes no se oía: está pasando en Radio Uno. El lunes el programa se llamaba «Arriba dormilunes», pero vino la pandemia y creé otro programa que se llama «Música para una oreja», porque puedes estar durmiendo, con una oreja planchando almohada y con la otra, escuchando. Si te quedas dormido, no importa. Se trata de acompañarte con buena música. El miércoles se llama «Radio de papel», donde la idea es leer con las orejas, cuentos y cuentos. No hay muchos efectos, sino que es el libro y el público. Y el viernes es «Dímelo cantando». Es todo lo que yo te quiera contar, pero con canciones. Esos son los tres programas que tristemente no se repiten. En un futuro voy a buscar los medios públicos y comunitarios para que tengan muchos, muchos materiales.

El sábado di un taller en San Cristóbal, con unos chicos que nunca habían hecho radio. Les ayudé para que pudieran grabar, en español y en tsotsil, su primer cuento. Fue una experiencia bien, bien bonita. Yo creo que hacia allá estoy yendo, hacia lo comunitario. Creo que el futuro de Radiombligo es ése: incidir más a través de las radios públicas de México y de las comunitarias. Si el Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión no se suma al proyecto, entonces tendremos que hacerlo desde afuera. Lo ideal sería que Radiombligo tuviera su propia señal, su propia antena, ésa es una posibilidad también. Yo sigo creyendo en que muchas radios seguirán encendidas, independientemente de lo digital y el internet. Hay mucha gente todavía sin posibilidad de oír lo tú escuchabas cuando eras niño, y mientras haya una persona conectada a la radio, vale la pena seguir luchando por mantenerla.

El texto y fotos de esta crónica son publicados bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 (CC BY-SA).

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  1. Hola Ray, gracias por compartir esta rica entrevista llena de tus sueños, proyectos y propuestas, es cierto hoy tenemos el gran reto de reinventarnos los adultos para continuar educando, formando, sensibilizando, a la infancia que le ha tocado vivir esta pandemia, que ha cambiado en lo rural y en lo urbano, pero que sigue deseosa, de escuchar, jugar, imaginar….eres un buen instrumento Ray, y quisieras que hubiera 2 o 3 más, así quisiéramos muchos, pero no, no es posible, pero si podemos contagiarnos de tus sueños, que muchos compartimos, diferentes colores y matices, pero orientados a buscar el bien común, la vida digna, espero un día cercano compartirles, mi sueño desde donde vivo.🍃🌎🍃🦋🍃

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