Mafalda, la película
Gajes del doblaje
Por Martín Valverde Watson Publicado en Carretera, Vistarama en 5 octubre, 2020 Un comentario 4 min lectura
Un encuentro con el artífice de la sexoficción Anterior La risa no cambia al mundo Siguiente

Yo conocí a Mafalda en caricatura animada y con acento mexicano. Hasta mucho tiempo después, me enteré que era una tira cómica, argentina, de un tal Quino. Lo sé, todo mal. En mi defensa, debo decir que fue a principios de los 90, tenía como cinco años y mis padres habían comprado un VHS de la película animada de Mafalda (Carlos D. Márquez, 1981). Recuerdo que mi hermana y yo la veíamos una y otra vez, siempre riéndonos de los mismos chistes, sin realmente entenderlos en su profundidad.

Años después, en una FIL de Guadalajara, convencí a mis padres para que nos compraran un tabique grande y pesado, color amarillo y rojo, con la estampa de esa niña contestataria e idealista en pleno acto rebelde: leyendo. Era una colección de todas sus tiras cómicas, titulada acertadamente Toda Mafalda. Además, fue la primera vez que vi la firma de su autor: Quino.

Un clásico de la historieta argentina. Mafalda, «en pleno acto rebelde: leyendo».

Leí ese libro a saber cuántas veces, porque no solo contenía las historias y los chistes que recordaba de aquella película animada, sino que tenía más personajes y una profundidad en su humor que antes no capté. Fue un redescubrimiento en toda regla del personaje y un descubrimiento de su autor.

Con el tiempo, gracias al internet, me iría cruzando con otras tiras de Quino, con otros personajes y otros chistes, pero el mismo humor característico del autor. Ninguna de esas tiras, sin embargo, despertaría en mí ese sentimiento de maravilla y nostalgia que me provocaba Mafalda, expresamente, la que había conocido a través de la película animada.

Por esos mismos años, me crucé en televisión (no recuerdo en qué canal) con otra versión animada de Mafalda, ahora sin voces y, por tanto, más basada en el humor construido por gags que por el diálogo. Eran, sin duda, capítulos divertidos. Pero les faltaba algo. No solo en la calidad de la animación, sino en el espíritu quiniano, por así llamarlo. Era, de algún modo, una Mafalda más infantilizada, y yo ya no estaba en la edad para el público al que iba dirigida. Esta versión se llama Mafalda Animada (Juan Padrón, 1995), del mismo director de Vampiros en la Habana (1985) y con Quino involucrado directamente en la producción.

Mafalda «muda», bajo la dirección de Juan Padrón.

Investigando un poco para este artículo, volví a ver la película de 1981, que es en realidad una recopilación de unos cortos hechos en 1972 para el canal 11 de Buenos Aires. Esta vez me tocó verla en su doblaje original, con las voces de acento argentino que, por lo menos para mí, fueron una especie de choque cultural (lo sé, todo mal). Algo similar le pasó a los espectadores en su estreno, porque cada lector de las tiras tenía una idea –en su cabeza– de cómo sonaban Mafalda, Felipe, Susanita, Manolito y Miguelito. Las voces no le gustaron siquiera al mismo Quino. En sus palabras: «No me convenció verla cobrando vida de esa manera. Tal vez porque imaginaba su voz y sus movimientos de otra forma». En parte, la decisión de hacer muda la peli del 95 fue para evitar esta controversia de las voces en el estreno original.

Casting argentino.

¿Entonces, por qué existe una versión mexicana de esa película? Precisamente, por el desagrado del casting original de voces en su país natal. Así que para comercializar la película en el resto del mundo, se hizo un redoblaje en México. Ésa es la versión que yo vi de niño y la razón por la que, para mí, por muchos años, las voces de Mafalda y sus amigos en mi cabeza sonaban mexicanas.

Casting mexicano.

Me resulta interesante, como autor y como lector, el proceso de casting en un film, porque es poner cara y, en este caso, voz a un personaje por mucho tiempo construido solo como palabras en un guion, dibujos en una tira cómica o una idea en la cabeza. Por eso es fundamental tener un acertado casting en toda producción audiovisual. Y por eso es especialmente complejo hacerlo con personajes icónicos. ¿Cómo suena Mafalda en tu cabeza, querido lector? Para mí sigue teniendo el timbre de Gloria González (la actriz de doblaje mexicano), pero hablando con acento argentino, tal cual la escribió Quino. Un revoltijo complejo de explicar. Lo sé, todo mal.

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