The Boys
¿Qué fuerzas impulsan a los seres humanos?
Por Édgar Benítez Aguilar Publicado en Carretera, Vistarama en 17 septiembre, 2020 0 Comentarios 5 min lectura
¡Felicidades! Anterior Chicuarotes Siguiente

En Tótem y Tabú, Sigmund Freud escribe una explicación psicológica del significado de los mitos, que a su criterio son narraciones donde se refleja el deseo inalcanzable del ser humano. A grandes rasgos, dice que la vida y atribuciones dadas a los dioses reflejan todo lo que el ser humano anhela realizar pero le está prohibido, pues mientras su deber es el trabajo, el ejército y la fidelidad, los dioses están destinados a la satisfacción de sus pasiones, deseos, sueños e instintos, que bien pueden ser la juerga, al juego y la poligamia, por ejemplo. Es decir, los dioses pueden, si quieren, hacer de su vida un papalote.

En la actualidad –quién no lo sabe–, lo más cercano que tenemos a esos dioses son los superhéroes. Sin embargo, a pesar de los dilemas éticos que hacen pasar algunos guionistas a sus superhéroes, su psique suele ser un territorio un tanto simple. Porque contrario a los dioses mitológicos, el héroe de cómic posee siempre una connotación virtuosa en sus acciones. Es completamente inconcebible, por ejemplo, que pueda hacer el mal con toda consciencia. Vaya, los héroes más modernos podrán matar, sí, pero sólo al villano y a sus secuaces.

La serie de Amazon está basada en el cómic The Boys, del guionista Garth Ennis y el dibujante Darick Robertson. Fue publicada primero por Wildstorm, un sello de DC, pero cancelada por su discurso incómodo casi enseguida (a los seis números), para pasar a Dynamite Entertainment.

La realidad en buena parte de los comics suele apelar a una concepción narrativa del ying-yang, donde el blanco y el negro consiguen no tocarse. Y si acaso el bien y el mal llegan a confundirse, esta confusión es apenas retórica, un conflicto cuya solución vuelve a dejar a cada uno del lado que le corresponde: Superman y Lex Luthor, Batman y Jocker, Spiderman y Kingping… Al final, los superhéroes serán como dioses, quizá. Pero su universo queda lejos, muy lejos, de la compleja divinidad griega. ¿Es que nuestra sociedad es más simplona que la de la antigüedad?

¿Qué pasaría si el guion retratara a superhumanos que, como cualquier persona, tuviesen deseos, pasiones e instintos? ¿Si la trama no se construyera sobre la derrota del villano, sino sobre el sentimiento de soledad de quien se ve obligado a actuar de forma opuesta a como lo haría, para no mostrarse tal cual es y no decepcionar al mundo? Ideas semejantes impulsan a The Boys (Eric Kripke, 2019), que acaba de estrenar su segunda temporada en Amazon Prime Video.

«The 7».

La serie trata de gente con habilidades extraordinarias, pero con las necesidades, inseguridades, pasiones y tentaciones que envuelven a la vida adulta. Desde la primera escena, deja claro su objetivo de contar una historia más semejante a las protagonizadas por dioses griegos, que a los superhéroes de Marvel o DC, en un contexto actual. Es decir, los personajes están sujetos a impulsos básicos como el sexo y el deseo de fama, hasta la necesidad del dinero o la baja autoestima. Así, la serie retrata superhéroes que presuntamente pelean contra el mal, pero que dañan, mienten, procastinan e, incluso, distorsionan la realidad a su favor. Sí, muy seguido parecen políticos en campaña. Pero en otros momentos son sólo gente que juega a vivir la vida o seres afligidos por el dolor, la angustia y la adversidad cotidiana. Incluso, es probable que, para un espectador escrupuloso, sean más bien niños berrinchudos tratando de crearse un destino.

La historia gira en torno a siete personas con superpoderes, «Los siete», cuya intención es erradicar el mal del mundo. Por supuesto, bien pronto los veremos como realmente son: más cerca de los siete pecados capitales que de las virtudes cardinales. Y es por eso, precisamente, que un grupo de personas comunes y corrientes conforman una banda llamada «The Boys», para tratar de detenerlos. No obstante, este bando tampoco es tan distinto.

Todo vale para conseguir los fines de unos y de otros. No importan las bajas secundarias, el apoyo a terroristas o a organizaciones gubernamentales con fines que rayan en lo ilícito. Conforme avance la trama, resultará más difícil distinguir buenos o malos. Y acaso no importe. A ambos grupos los mueven sus instintos y emociones. Por momentos, los superhéroes no son más que niños peleando contra su soledad y traumas, y el grupo antagónico es reflejo del tormento que ocasiona el deseo de venganza. Son dos lados de la misma moneda. La diferencia es apenas que uno tiene poderes y otro no. Y, para complicarlo más, ambos tendrán también su disidencia.

«The Boys».

Poco a poco, de este lado de la pantalla, uno empieza a preguntarse qué nos impulsa a los seres humanos, si el deseo de poder o el deseo de justicia. ¿Qué papel juega la locura? ¿Quiénes seríamos tú y yo si tuviéramos poderes?

Quizá nadie debería apresurarse demasiado a responder.

El Boticario

Cocteles de autor.
Visítanos hoy

Comics Eric Kripke Series de tv Superhéroes The Boys


Anterior Siguiente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar Publicar el comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

keyboard_arrow_up