Tóxico
A propósito de la pandemia
Por Martín Valverde Watson Publicado en Carretera, Vistarama en 18 agosto, 2020 Un comentario 6 min lectura
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Llevamos ya varios meses de cuarentena y lo que alguna vez me hubiera parecido surreal se vuelve cada vez más cotidiano. El terror a algo que no se puede ver a simple vista, el caos que sembró la incompetencia de algunos gobiernos en el mundo, la indignación al encontrarnos con personas sin mascarilla en el transporte público, la vida no monacal pero en claustro, el insomnio, las noches largas, el contacto humano mediado por pantallas. La nueva normalidad se siente como sacada de ficción.

¿En qué clase de película distópica estaremos viviendo? Contagio (Steven Soderbergh, 2011) podría ser la más obvia, por la imposibilidad de contener al patógeno. Quizá nos encaminemos a un derrumbe de nuestras sociedades, como en Hijos del hombre (Alfonso Cuarón, 2006). O simplemente estemos atrapados en el tiempo, todos los días el mismo día, detenido el calendario, como El día de la marmota (Harold Ramis, 1993). Hay algo de todas ellas en nuestra actual circunstancia, pero ninguna alcanza a captar la invasión de lo extraño en nuestras vidas. O eso creía, hasta que vi Tóxico (Ariel Martínez Herrera, 2020).

Tóxico, con un tono bien logrado de comedia de lo absurdo.

Tóxico narra la historia de Laura y Augusto, que escapan de una misteriosa epidemia que azota a todo el mundo y cuyo principal síntoma es el insomnio. Deciden salir de Buenos Aires, para refugiarse en una casa, en un pueblo en el interior del país llamado La Razón (metáfora nada sutil de lo que va la película). Durante el camino, las cosas empiezan a tornarse cada vez más extrañas y peligrosas, hasta que es muy difícil distinguir la realidad del sueño.

Este filme argentino se estrenó el pasado abril en la plataforma cine.ar y ha sido tachado de oportunista, precisamente, por tratar de una pandemia y estrenarse en medio de otra. La verdad, sin embargo, es que no fue sino una coincidencia. La película se filmó hace dos años y el guion es bastante anterior, pues se basó en la experiencia de la gripe porcina de 2008. Ariel Martínez, director y escritor de la película, cuenta que consultó con un biólogo experto en el tema, a fin de darle el máximo realismo a la enfermedad y lo que ella podría provocar en la sociedad. Fue un acierto. La película parece haber sido rodada hace unas semanas. Están ahí todas las imágenes hoy tan familiares: calles desoladas, personajes con cubrebocas, abuso de gel y desinfectante, el consumo de medicinas que no curan, las autoridades que se aprovechan de la circunstancia y la represión de hábitos sociales que hoy se vuelven amenazas, como cenar con amigos o compartir el mate. Sobre todo, el filme acierta en la atmósfera de paranoia, de sueño extraño y surrealismo. Esto último perfectamente representado, por la elección del género y el tono de comedia de lo absurdo que Martínez eligió para su película.

El humor absurdo se basa en la irracionalidad, la cual está muy bien entretejida en todos los elementos de la película, desde su montaje, puesta en escena, ambientación y, sobre todo, en su atinada banda sonora, a veces barroca, a veces onírica y a veces burlona.

Un claro ejemplo lo encontramos en la discordancia entre el exterior y el interior de un mismo set. Uno, además, tan importante como una autocaravana. Esto no lo he dicho: Tóxico es una roadmovie y buena parte de la historia transcurre en carretera. En las escenas de exterior, la producción utilizó una camper real, de tamaño más bien compacto. Sin embargo, para las escenas de interior, que transcurrirían en ese mismo vehículo, se decidió grabar en foro, con decorados de proporciones más cercanas a las de un departamento. Este contraste no deja de ser desconcertante desde el principio, pues aunque la incoherencia es perceptible desde el principio, uno tarda en caer en cuenta qué es lo que está mal. Pero una vez que la entiende, no puede menos que aplaudir, porque suma sutilmente a la circunstancia de irracionalidad que enfrentan los personajes.

Roadmovie.

El elemento más irracional de todos es, por supuesto, la enfermedad elegida: el insomnio. Una prolongada falta de sueño causa, entre otras cosas, trastornos mentales como depresión, ansiedad o incluso brotes psicóticos. Es una enfermedad muy real, cuyas consecuencias son graves. Pero no es contagiosa (aún). Es por eso que funciona más como un elemento fantástico, que contrasta con lo realista del planteamiento. No obstante, es bien aprovechado por la producción, que mezcla en dosis precisas el plano de lo real con el de la imaginación, de modo que los espectadores nos cuestionemos constantemente si podemos confiar en la veracidad de la narrativa.

Otro elemento irreal son los insertos de montaje de escenas que cuentan una minihistoria, que bien podría ser un cortometraje aparte y que retrata el caos en que ha caído la sociedad. En estas escenas, el protagonista es un hombre insomne en piyama, quien primero atraviesa una batalla campal entre anarquistas y granaderos, que lo noquean de un ladrillazo. Lo dan por muerto y cuando despierta no sabe dónde está. Estas escenas pueden ser completamente ajenas a la trama principal, pero son de lo más divertido de la película.

Una de las elecciones de dirección que más me gustaron fue que los efectos sociales de la pandemia de insomnio ocurren fuera de cuadro. Los alzamientos, los saqueos, los accidentes, la destrucción. De todo eso nos enteramos cuando los personajes hablan entre ellos o vemos las consecuencias en la calle. Celebro esto, porque construye una narrativa paralela, sin distraer de la historia principal, que es la relación de Laura y Augusto.

Todos los elementos mencionados hasta ahora son reflejo del arco de crecimiento de nuestros dos protagonistas, que en este caso, bien puede ser un arco de destrucción. Sin embargo, para mí, esta evolución de la pareja es justo donde la película tropieza, en la segunda parte del metraje, cuando la razón cede su lugar al sinsentido, como ocurre muchas veces al final de una relación. Es un tema este último que sería motivo de otro ensayo. Uno que en otras circunstancias habría sido, quizá, el tema principal de la película. Pero se estrenó en tiempos del covid y eso, ni duda cabe, condiciona el modo en que será percibida. Y falta ver lo que cambiará todavía nuestra percepción, en los meses de confinamiento por venir, cuyo final parece todavía lejano y acaso temible, como el amanecer en el insomnio.

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  1. No he visto la película, pero después de leer este artículo, he quedado profundamente intrigada. Me gusta mucho el análisis alrededor de la cinta y el planteamiento de la misma a través de la realidad que vivimos con la pandemia.

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