Stoner
Una historia, tal vez, sobre la búsqueda de sentido
Por Alberto Chanona Publicado en Carretera en 11 mayo, 2021 0 Comentarios 8 min lectura
El pan de cada día ya no es nuestro Anterior Taberna, coyol y deleite Siguiente

Estás perdido Altazor
Solo en medio del universo
Solo como una nota que florece en las alturas del vacío
No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza
¿En dónde estás Altazor?

Vicente Huidobro, Altazor

Stoner fue publicado en 1965. No parece que, a pesar de la influencia estadounidense en el resto de las literaturas, haya pasado demasiado con esa novela en medio siglo. Pero la reeditaron hace pocos años y, tras las recomendación contagiosa de algunos nombres famosos, de Vila-Matas a Tom Hanks, Stoner se convirtió de pronto en un bestseller.

Suena a guion conocido, es verdad, por esa tendencia de la industria editorial dispuesta a encumbrar, cada cierto tiempo, cualquier amontonamiento de palabras a cambio de que las cuentas rindan. Pero no fue el caso esta vez. Stoner es, te juro, una gran novela. Sólo que es difícil explicar por qué. No me creas. Busca reseñas. Las encontrarás a menudo inhóspitas, bonitas, enamoradas. Pero vacías en el fondo. No es culpa del todo de los reseñistas. Pasa nomás que no hay en Stoner una gran historia que vender. Una hazaña. Una denuncia. Una búsqueda tremenda. Lo tremendo es el modo en que está contada. La potencia de una voz que avanza sin prisa, desprovista de adornos, confiada en la fuerza de lo que subyace debajo de una historia de apariencia simple.

Stoner, John Williams, 1965. Trad. Antonio Diez Fernández. España, Baile del Sol (5a edición).

Si sólo nos atenemos a la anécdota, va así: el joven granjero William Stoner llega a la universidad a estudiar agronomía, donde descubre a Shakespeare y se enamora de la literatura y de la vida universitaria. Porque ¿en qué otro lugar del mundo, en vez de criar vacas y cosechar maíz, la gente podría dedicar la vida, día y noche si quiere, a leer y estudiar sin ninguna finalidad útil las obras y palabras de autores muertos hace siglos, si no en la universidad o un monasterio? William lo entiende, cambia de carrera y se convierte en maestro universitario. Con el tiempo, hace algunos amigos y algunos enemigos (pequeños, como casi todo en esta historia). Se casa. Tiene un matrimonio infeliz, una hija a la que ama profundamente, pero con la que convive poco. En algún momento se ve envuelto en otra clase de amor, también imposible y también torpe. En el camino escribe además un libro, importante como todos, seguramente olvidable como casi todos. Un día envejece. Otro día muere. Fin.

Si odias los spoilers, pasa de largo de una vez. Lo más probable es que haya nada para ti en Stoner. Tal vez, tampoco en el mundo, pero no importa por ahora.

Si los spoilers, en cambio, son el napalm en que nadan cada mañana tus pulmones; si sospechas que quizá buena parte de la vida humana sea una sucesión de decisiones mediocres y mayormente incomprensibles, pero que de algún modo llegan a parecernos significativas (acaso lo sean), porque en algo, mentira o verdad, hay que creer. Y sobre todo, si amas el heroísmo inútil, la belleza inútil, los signos y gestos absolutamente inútiles; quiero decir, si amas todo eso que la gente llama nomás literatura, tal vez entonces Stoner sí sea tu tipo de novela. Porque Stoner es, de hecho, pura literatura de la mejor clase: una voz imparable que te habla del mundo como de cualquier cosa. De la vida. De una vida. Del amor. De la posibilidad imposible del amor. De lo que significa venir y de lo que significa irse, aceptar, abandonar, vivir, morirse.

Pura agonía, pura intrascendencia o puro amor. Según se vea.

Planetas distantes

¿Quiénes son los demás? ¿Quién es uno para ellos? ¿A quién llegamos a conocer, de verdad en el fondo, en su sustancia, en su ser mismo? ¿Quién realmente llega a conocernos?

Stoner aventura una respuesta, cuyo sentido, sin ser devastador, es profundamente triste. Y lo hace con una voz tan sutil que es casi murmullo, una fila de silencios mirándose unos a otros en una habitación vacía.

El amor, un instante. «Si nunca tuviéramos nada más, habremos tenido esta semana… Quería, dijo, dejar algo nuestro aquí, algo que sepa que permanecerá aquí mientras este sitio exista. A lo mejor es una tontería».
Foto: Lake of the Ozarks (Missouri, EEUU).

La vida interior es un lugar donde la búsqueda de sentido de la consciencia nos crea y nos destruye; donde nos narramos, a veces de forma engañosa o poco clara, el curso de nuestras acciones y lo que sentimos ante ellas; donde nos preguntamos por su fracaso o su victoria y para qué sirve todo eso a quienes somos; sobre todo eso: quiénes somos, para nosotros y para los demás; quiénes son ellos, cómo se viven a sí mismos, cuáles son sus búsquedas, en qué piensan cuando ven el mundo. Y es también un mar que hay que cruzar a nado para conocerse; pero también para llegar al otro, en la profunda necesidad de tocar la vida de alguien, de ser tocado, así sea por un instante. Cada cual, atrapado en el mismo recorrido a través de sí, sin garantía de encontrarnos en el medio. Cada intuición, un tal vez. Cada promesa, un ojalá.

Náufragos unos de otros, divididos por océanos de incomprensión; planetas distantes de aire desconocido, a veces irrespirable, cuya fuerza de gravedad nos alcanza y nos aleja tanto como nos acerca, los encuentros son rarísimos (mucho más que los desencuentros). Pero hay caminos: el arte, la verdad, el amor a veces.

Stoner nos cuenta una historia de esa búsqueda. De amor, de comprensión, de verdad, de arte. De como quieras llamarle a la sustancia de aquello que tal vez todos persigamos y quién sabe si alguna vez hallemos.

Sin piedad vio su existencia como debía de parecerle a los otros.

Desapasionada y objetivamente, examinó el fracaso que, aparentemente, había sido su vida. Había buscado amistad, la amistad más cercana que pudiera acercarle a la raza humana. Había tenido dos amigos, uno de los cuales había muerto sin sentido antes de conocerle; el otro se había alejado ahora tanto por avatares de la vida que… Había buscado la singularidad y la tranquila pasión conjunta del matrimonio. Había tenido eso también, no supo qué hacer con ello y murió. Había buscado amor y había tenido amor. […]

Y había querido ser profesor, y lo fue, aunque sabía, siempre lo supo, que durante la mayor parte de su vida había sido uno cualquiera. Había soñado con un tipo de integridad, un tipo de pureza cabal, había hallado compromiso y la desviación violenta de la trivialidad. Se le había concedido la sabiduría y al cabo de largos años había encontrado ignorancia. ¿Y qué más?, pensó. ¿Qué más?

¿Qué esperabas?, se preguntó. […]

¿Qué esperabas?, pensó otra vez.

Le sobrevino cierta alegría, como traída por la brisa del verano. Recordó vagamente que había estado pensando en el fracaso… como si importara. Ahora le parecía que tales pensamientos eran negativos, indignos de lo que había sido su vida. Nebulosas presencias se agolparon en los márgenes de su conciencia; no podía verlas, pero sabía que estaban ahí, reuniendo fuerzas para convertirse en una clase de evidencia que no podía ver ni oír. Se aproximaba a ellas, lo sabía, pero no había ninguna prisa. Podía ignorarlas si quería, tenía todo el tiempo que quedara.

Había suavidad a su alrededor y lasitud creciente en sus extremidades. El sentido de su propia identidad le llegó con fuerza repentina y sintió su poder. Era él mismo y sabía lo que había sido.

Stoner, John Williams.

Stoner, como se nota en la cita anterior y le dice su amigo David Masters, tiene el mal, la vieja enfermedad: «crees que hay algo aquí, algo que encontrar».

Y tal vez no haya nada o, si lo hay, no signifique nada. Quizá el mundo humano sea, como dice Masters de la universidad, un sanatorio «para los enfermos, los ancianos, los infelices y los incompetentes en general». Podría ser. Pero eso nunca ha detenido a nadie de emprender la misma búsqueda que lleva a cabo Stoner. Después de todo, ¿qué otra cosa haríamos con vivir?

Esta entrada es publicada bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0 (CC BY-SA).

John Williams Literatura Novela Stoner Tom Hanks Vila-Matas


Anterior Siguiente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cancelar Publicar el comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

keyboard_arrow_up