Nuevo (des)Orden y otros Parásitos
Por Martín Valverde Watson Publicado en Carretera, Vistarama en 7 abril, 2021 0 Comentarios 29 min lectura
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En septiembre de 2020, la última película de Michel Franco, Nuevo Orden, se alzaba con el Premio del Jurado en el Festival de Cine de Venecia. Entonces muchos medios especializados, tanto mexicanos como extranjeros, celebraron el último gran éxito de la cinematografía nacional. Algunos incluso se atrevieron a comparar a Nuevo Orden con Parásitos, y a Franco con Bong Joon Hu. Quizás, porque ambas películas abordaban, desde distintas perspectivas, un mismo tema: el de la lucha de clases (ya volveremos a esto más adelante). Un mes después, se estrenaba el primer tráiler promocional del filme y las redes sociales estallaron.

En dicho tráiler se mostraba cómo un grupo de gente fachosa, presuntamente clase baja y en su mayoría de piel morena, invadía la fiesta de otro grupo de gente vestida con ostentosidad, visiblemente pudiente y en su mayoría de piel clara. Entonces Diego Boneta le pedía a una persona fuera de cuadro que bajara el arma. Corte a negro. Después la violencia se desataba en la casa, en las calles y veíamos arder tanto al Ángel de la Independencia como a Iztapalapa, mientras los militares tomaban control de la ciudad. Terminábamos con un montaje a ritmo de tamboriteo militar, con distintas imágenes de la violencia que la película prometía. Es decir, un Nuevo Orden.

Dos minutos de material que fueron más que suficientes para que mucha gente se hiciera una idea (acertada o errónea) de lo que trataba la película. Pronto Twitter y Facebook se llenaron de comentarios de gente que tachaba el filme de clasista, racista, de paranoia whitexican, de cochinada de mal gusto, de hacer apología del miedo, de vergüenza para el cine mexicano y, mi acusación favorita, de ser un medio de promoción de las ideas del Frente Nacional (FRENA, la película). Todo esto sin haber visto siquiera el filme, porque no se había estrenado. Pronto se alzaron voces en defensa, muchos metiéndose al ruedo con garrote en mano; otros, más sensatos, que pedían ver el filme antes de criticar. En nada ayudaron los comentarios del director, quien se defendió acusando a sus críticos de racismo inverso por llamarlo whitexican y privilegiado, con lo que inició una nueva oleada de críticas, ahora dirigidas hacia su persona. Y aunque luego se desdijera, el daño ya estaba hecho.

En fin, que la polémica estaba servida (algo seguramente buscado por la distribuidora de la película). Finalmente, Nuevo Orden se estrenó en cines el 22 de octubre. Tuvo casi 127 mil espectadores y recaudó 8.3 millones de pesos, números que en tiempos de la COVID, no están nada mal. Pese a esto, en realidad, la polémica no se zanjó. Los que dijeron que no la iban a ver por todas las razones que ya mencioné, obviamente no lo hicieron y mejor no discutir con ellos. Lo curioso fue que la opinión preconcebida de aquellos que fueron a verla tampoco cambió mucho. Quien desde el tráiler había visto una película de apología del clasismo y el racismo vio una película racista y clasista. Quien decía que la película no era ni lo uno ni lo otro, sino por el contrario, una crítica hacia estos temas, vio justamente eso, una crítica feroz a la realidad de nuestro país.

Y yo, que no voy al cine desde que empezó la pandemia y no iré de nuevo hasta que me toque la vacuna (a este paso en diez años, pero ese es otro tema), estaba realmente confundido. ¿Era un filme apologético o uno crítico? La opinión de mis amigos cinéfilos que sí la fueron a ver tampoco me daba mucha luz sobre el tema. Lo que entendía por sus comentarios era que en la película de Franco algo no funcionaba como se suponía. Y me quedé con esta duda-no-existencial por meses, hasta que el filme llegó a Amazon Prime y por fin la puede ver. Y bueno, aquí estoy, llegando tarde al debate. Lo primero que pensé tras verla fue: ¡¿por qué carajos compararon esta distopía con Parásitos?! Ni siquiera son del mismo tema. Ok, entiendo de dónde parten las comparaciones. Ciertamente, hay una lucha de clases en ambas películas, pero en una es el tema central y en otra solo una excusa argumental. Para explicarme mejor, voy a comparar las estructuras narrativas de ambas películas. Así que, aviso para navegantes, se vienen spoilers para Nuevo Orden y Parásitos.

Antes de empezar, les voy a contar un truco de guionista, necesario para determinar el tema central y la tesis de una película, ya que un film puede abordar más de uno. Primero hay que analizar el clímax del primer acto, que es el momento en que el objetivo del protagonista choca con el primer gran obstáculo y nace el conflicto. Del conflicto nace la hipótesis o pregunta dramática que hace toda película: «¿podrá nuestro protagonista alcanzar su objetivo?». Normalmente, esta pregunta viene precedida de dos puntos narrativos: 1) escenas de presentación de personaje, que sirven para entender su cotidianidad y deseo; y 2) Un desencadenante, o escenas que preceden a los obstáculos que van a chocar con dicho deseo. La tesis, por su parte, siempre se manifiesta en el desenlace del clímax de tercer acto, que es el mismo que el clímax de la película completa. Pero para no seguir hablando en abstractos, pasemos a los ejemplos, empezando por Parásitos, que es el guion mejor estructurado de los dos.

Parásitos empieza con un plano slide down de una ventana a nivel de calle y baja para presentar a nuestro protagonista, Ki-woo y a su familia, quienes malviven literal y figurativamente debajo de la tierra, como insectos a los que hay que fumigar. Una presentación de personaje brutal. En las siguientes escenas se nos muestran varias cosas, desde los problemas económicos, las habilidades que tienen, pasando por la personalidad de cada uno de los miembros de la familia, hasta el deseo de salir de esa situación, ejemplificado en la piedra de la fortuna que le regala un amigo a Ki-woo. Se nos deja claro en estas escenas que el objetivo externo de nuestro protagonista es conseguir trabajo/dinero para ayudar a la economía familiar, y aunque no es explícito, se nos planta la idea de que el objetivo interno, es decir, su deseo, es el de salir de la pobreza, ascender en la clase social. Podemos formular en este momento la gran hipótesis de la película en la pregunta dramática: «¿Podrá salir toda la familia de la pobreza?».

Este amigo que mencionaba es, luego, quien protagoniza la escena de desencadenante, ofreciéndole a Ki-woo trabajo como tutor en casa de una chica rica. Pero para eso tendrá que mentir, diciendo que es estudiante universitario, falsificando sus títulos y actuando de la forma más convincente posible. Aquí ya existe un primer sub-objetivo (conseguir trabajo de tutor) y un obstáculo (convencer a la mamá de la chica rica). Entonces Ki-woo va a la casa de la familia rica que, visual y metafóricamente, está en el polo opuesto: en lo más alto. Sin muchos inconvenientes, Ki-woo convence a la señora Park. Y no solo eso, ve la oportunidad de que no solo él, sino el resto de la familia puedan trabajar para los Park. En el momento en que Ki-woo decide engañar a la señora Park, luego de obtener él mismo su trabajo, es el clímax de primer acto de esta película, porque ya tiene un objetivo concreto que lo puede llevar a cumplir su deseo. También hay un claro antagonista en la familia Park: los ricos a quienes quieren estafar. Y el conflicto que permeará el resto de la película es que se descubra el engaño. Con estos elementos queda claro que el tema de Parásitos es la lucha de clases sociales. ¿Pueden los pobres engañar a los ricos para salir de la pobreza y, por qué no, volverse de alguna forma parte de la clase alta?

El segundo acto es un vaivén de acontecimientos que intenta responder a esta pregunta. Primero se nos hace creer que sí, al menos la parte de engañarlos. Así tenemos una primera parte del segundo acto que sigue los cánones de las heist movies, porque al fin y al cabo es una estafa. Y de hecho, todo les sale bien, Ki-woo logra colocar a su hermana como tutora/psicóloga del hijo menor de los Park, quien es pintor. Luego consiguen poner a su papá como chofer y a la mamá como ama de llaves de los Park, haciendo que despidan a los antiguos trabajadores. Y como parásitos, se han colado en toda la casa. Por cierto, la casa es otro de los símbolos que usa la película como manifestación del deseo de fortuna (junto con la piedra que ya mencioné). Con cada nuevo integrante incorporado al trabajo de la casa, Ki-woo y su familia van ascendiendo socialmente, y lo vemos en pequeños lujos que empiezan a permitirse, como comer en restaurantes. También, durante todo el segundo acto, se nos refuerza el conflicto principal con las escenas donde interactúan con los ricos, sobre todo lo que dice y hace el señor Park. Significativa es la escena en la que el señor Park le dice a Ki-taek, el papá de Ki-woo, que no soporta a la gente que se pasa de la raya y no conoce su lugar. Es decir, no soporta al pobre que quiere dejar de serlo. O cuando el señor Park habla con su esposa sobre el hedor («a pobre») que emana Ki-taek y luego la esposa reconoce ese hedor y se asquea.

Llegamos a la mitad de la película. Ki-woo y su familia han alcanzado su objetivo externo, que los cuatro miembros trabajen para la familia Park. Estoy hablando de la escena en la que los Park se van de viaje y Ki-woo y su familia se quedan disfrutando de la casa de los ricos para ellos mismos. Sin embargo, no es suficiente. Su deseo sigue sin cumplirse. Ellos aún no son ricos. Este es lo que se llama un falso feliz, de aquí solo sigue una caída abrupta. Entonces Ki-woo planea su siguiente paso, que es casarse con la hija de los Park, a la que da tutoría. Pero en ese momento ocurre el Midpoint, un punto de inflexión donde la historia cambia de rumbo. Y en este caso, no solo de rumbo, sino de subgénero. Pasa de ser una heist movie a algo más parecido al thriller. Este punto de inflexión es la llegada de la antigua ama de llaves y el descubrimiento de que ella y su esposo, que está encerrado en un búnker secreto, ya estaban parasitando a la familia Park desde mucho antes.

Empieza una batalla campal entre los pobres por quedarse con el control de la casa (y, por tanto, del privilegio de seguir explotando a los ricos). Encima, en ese momento vuelven los Park y ahora tienen que escapar de la casa sin ser descubiertos. Consiguen ambas cosas, pero han cruzado la raya: lo que comenzó como una estafa casi inocente los llevó a cometer un crimen con víctimas mortales. Ki-woo termina por descalabrar a la antigua ama de llaves (lo que le causará la muerte) y al tratar de escapar, tienen que esconderse debajo de la mesa de centro de la sala, donde van a escuchar las conversaciones más privadas de los Park, que se han instalado en el sofá para pasar la noche. Ese momento, mientras escondidos oyen hacer el amor a los Park, les queda claro con lo que han escuchado que nunca van a recibir un trato de igualdad de parte de los ricos. Luego, ya cuando los Park se han dormido, logran escapar y vuelven a casa bajo la lluvia, en una escena donde todo es descenso. Lluvia que para los ricos significa limpieza, pero para los pobres, destrucción. Al ser un semisótano, su casa está inundada y solo logran rescatar las cosas más importantes para cada uno y se van a dormir al albergue. Ki-woo se aferra a la roca de la fortuna, otra vez, en una metáfora visual. La conversación en el albergue sobre que los pobres no deben hacer planes porque estos nunca se cumplen es el clímax de segundo acto. Parece que la respuesta a la pregunta dramática ya no es tan positiva.

Entra el tercer acto con la fiesta improvisada que los Park le celebran a su hijo. Ki-woo y su familia no han tenido descanso, pero tienen que ir a trabajar y aparentar que nada ha ocurrido. En un momento de la fiesta, Ki-woo le pregunta a su alumna rica que si cree que él podría encajar con ellos (refiriéndose a los invitados ricos). La alumna contesta que sí, pero Ki-woo sabe que no es verdad. Luego, baja al búnker cargando su piedra de la fortuna para ver cómo siguen los otros parásitos y descubre que la ama de llaves ha muerto, pero su esposo ha escapado de sus ataduras. Este persigue a Ki-woo y consigue descalabrarlo con la misma piedra a la que tanto se aferraba. Luego el tipo toma un cuchillo de la cocina y va a la fiesta del jardín, en el que apuñala a la hermana de Ki-woo. Al ver esto, el hijo de los Park convulsiona. El señor Park y Ki-taek van a ayudar a su respectiva descendencia, mientras que la esposa de Ki-taek pelea con el tipo del cuchillo. Como el señor Park solo se preocupa por su hijo y hasta se toma la molestia de asquearse del olor que desprende el tipo de cuchillo, olor a pobre, recordemos, Ki-taek, harto de su desprecio, pierde los estribos y mata al señor Park.

Este es el clímax del tercer acto, que responde a la pregunta dramática «¿podrá salir toda la familia de la pobreza?». Y la respuesta es no. Absolutamente no. El desenlace nos lo deja claro: la estafa ha sido descubierta. La hermana de Ki-woo, la única que podría haber encajado en un mundo de ricos, está muerta. El papá ha desaparecido. La mamá y Ki-woo fueron presos y, tras cumplir condena, han vuelto al semisótano en una peor situación de la que empezaron. Finalmente, Ki-woo descubrirá que su papá está atrapado en el búnker y que la única manera de liberarlo sin que nadie se entere es comprar la casa, algo con lo que Ki-woo solo puede soñar. Entonces tenemos que la tesis de la película iría algo así como «es imposible para los pobres salir de su clase social».

Resumiendo, Parásitos tiene un tema principal (la lucha de clases) y una hipótesis (¿se puede ascender de clase social?), que mantiene durante todo el metraje de la película, y cierra con una tesis coherente y comprobable (no se puede cambiar de clase social). Verdad, por más que esto nos deprima.

El punto de vista es el de los de abajo, el más usado en este tipo de relatos, por eso nuestro protagonista es uno de los pobres y los antagonistas, los ricos. Es una tragedia de las buenas, que juega con los subgéneros de heist y thriller. Además, es rica en metáforas visuales y su uso del lenguaje cinematográfico es magistral. No por nada ganó todo lo que ganó.

Vayamos entonces con Nuevo Orden. Esta película empieza con un montaje de un tono onírico entre arte y pesadilla, de cosas que ocurrirán a lo largo de la película. Entre todos los elementos que muestra, el de la pintura abstracta es el símbolo más evidente que utiliza el filme, aunque no recurrente. Significa la riqueza y el poder de la clase alta. Luego la película arranca, ahora sí de verdad, con el incidente desencadenante: las protestas que ocurren fuera de escena y que obligan a desalojar un hospital del IMSS, donde vemos por primera vez a Rolando, un viejo que estaba ahí con su esposa y que quedan desahuciados por el Seguro Social. Suena a nuestro protagonista, pero no lo es. Además, que nunca veamos el incidente ni se nos explique va a ser fundamental para entender las intenciones del director con la película. Pero no nos adelantemos.

La siguiente secuencia, en la boda en casa de los ricos, es la presentación de personaje. Es en esta parte en la que veremos claramente la dinámica de lucha de clases que existe en la película, donde los ricos se divierten mientras los pobres trabajan para ellos. Pronto descubrimos que es la boda de Marian y Alan. Y vemos también al resto de su familia e invitados, entre los que destacan la mamá, papá y hermano de Marian, pero no por buenas gentes, sino por ser de esas personas prepotentes y doble cara que a todo mundo chocan. La caracterización de los ricos como enajenados de la realidad, corruptos, apegados al dinero, inconscientes, inmorales e insensibles, es completamente buscada, para que no sintamos empatía por ellos. Lo cual es extraño, porque más adelante la película nos pedirá que sintamos preocupación por ellos. Esto también tiene una explicación a nivel discursivo, del palo «los personajes no son buenos ni malos, sino grises». Es verdad, pero semejante postulado no funciona narrativamente solo, pues carece de un plano emocional; es decir, si el espectador no siente empatía por el personaje (así fuere un villano), poco le va a importar lo que le suceda. Y eso es justamente lo que ocurre en esta película. Los personajes no son grises ni complejos, sino caricaturas unidimensionales cargadas de estereotipos. Para que el discurso acompañase a la narrativa, tendríamos que conocer a los personajes, y para eso se requiere tiempo (piensen en un Scarface o la mexicana Hilda, por ejemplo). Pero eso no es lo que busca Franco.

Bueno, hay dos personajes (tres si me apuras) que sí que generan empatía y no son unidimensionales. La primera es Marian, quien se podría decir que es la protagonista y la única en toda la boda que tiene consciencia y ganas de ayudar a la gente en necesidad. Así nos lo demuestra en todo el primer acto, que pese a ser su propia boda, cuando el señor Rolando (quien, insisto, tendría que haber sido el protagonista) llega a pedir un préstamo de 200 mil pesos a sus antiguos jefes (la familia de Marian) a fin de pagar el hospital privado para su mujer, ya que los corrieron del IMSS, solo ella decide ayudarlo. Primero pide dinero a sus padres y hermano hasta que, tras la negativa de estos, decide pagar con su propia tarjeta. El clímax del primer acto es cuando se entera que Rolando se cansó de esperarla y se fue a su casa y ella decide ir tras él. Así que le pide ayuda a otro trabajador suyo, Cristian (Fernando Cuautle) y ambos se van en coche, dejando la boda. Este es su objetivo externo, pero el interno no lo tengo tan claro, ni idea de qué desea, tal vez probarle a sus padres que ella es una persona con principios morales o qué se yo. Marian es, a lo sumo, un personaje bidimensional, y eso solo al principio.

La primera mitad del segundo acto consistirá en lo que vimos en el tráiler. La invasión de esta gente que tenemos que asumir que son «los pobres» ―o los «proletarios» o los «morenos»― a la boda, para robar y matar a los ricos. Y digo asumir, porque al no explicar de qué trata este alzamiento, es el espectador quien tiene que llenar el vacío, algo que es claramente intencionado por parte del director. En mi opinión, se trata de un tiro errado, porque otra vez, funciona a nivel discursivo, mas no narrativo. El discurso sería algo así como que «en cualquier revolución, sin importar cuál, hay violencia generalizada por parte de los sublevados». Y es en principio verdad, salvo por algunas excepciones como la india o la sudafricana; esto es algo que se repite en cada revolución, desde la rebelión de esclavos en Roma, pasando por los distintos alzamientos campesinos en el medioevo y llegando a la modernidad, con la revolución francesa, rusa o mexicana. Pero a nivel narrativo, sin conocer las razones por la que estas personas se sublevan, el espectador no puedo ni empatizar ni rechazar su causa. Y esto es un problema, porque la violencia no ocurre en un vacío, siempre hay un contexto. Por tanto, las personas sublevadas en esta película no son ni siquiera personajes unidimensionales, son conceptuales, una idea abstracta a la que el espectador debe dar forma. Y ahí está el meollo de la controversia.

Pero bueno, llegamos al midpoint con los ricos muertos, Marian y Cristian refugiados en la casa de este, porque en las calles hay saqueos y la ciudad está en llamas. La película podría haber terminado aquí y mi guionista interno estaría, si bien no emocionado, satisfecho, porque estructuralmente hasta aquí funciona. Pero no, la película continúa y la estructura se va a la mierda. Esencialmente, comienza otra película. Me explico: con su objetivo fracasado, Marian decide regresar a casa, pero en las calles hay toque de queda y el ejército tiene el control, entonces los soldados la secuestran y con ello secuestran también su papel protagónico. A partir de este momento, Marian se convierte en la damisela en peligro a la que hay que rescatar y su tiempo en pantalla se esfuma. La película solo volverá a ella unas cuantas veces más para ver cómo es agredida, violada y chantajeada. Así que el protagonismo queda en el aire, y más o menos lo toman el personaje de Cristian y el del hermano de Marian, Daniel (Diego Boneta). Y digo más o menos, porque ambos personajes son más bien pasivos. Al primero le ordenan buscar a la familia de Cristian para pedirles el rescate, así que va y hace lo que le dicen, no tiene iniciativa y al parecer tampoco sentido común, porque cuando Daniel lo acusa de haber secuestrado a su hermana no reacciona como una persona normal haría, sino, eso, es muy muy pasivo. Y sobre Daniel, medio que hace el intento de buscar a Marian, pero obviamente no hay nada que pueda hacer.

Creo, entonces que el verdadero protagónico lo tiene el antagonista de esta segunda mitad, el ejército, porque ahora sí que los soldados hacen y deshacen a su antojo. Han tomado control de la ciudad, en una especie de golpe de estado (digo esto, porque nunca vemos qué pasó con el gobierno, si cayó y ahora hay una dictadura militar o solo se militarizó como los nazis). En fin, hay una facción del ejército, la que secuestró a Marian y a otros muchos ricos, que actúa como el crimen organizado y pide rescates. Y tras conseguir el dinero, matan al secuestrado, porque obvio, en ningún momento se quitaron sus uniformes y no pueden dejar que se sepa de sus actividades ilícitas. También vemos en esta segunda mitad que los sublevados, es decir, los pobres, ahora están otra vez oprimidos, más, si cabe. Y los ricos, aunque de luto, siguen tan ricos como antes y no aprendieron la lección, porque todavía son tan prepotentes como al principio.

Llegamos al clímax del segundo acto, un falso feliz, donde con ayuda de Cristian y de un familiar de Daniel que tiene contactos con la cúpula militar, el mismo ejército (otra división, asumo), hace una redada en donde tienen detenidos a los secuestrados y los rescata, fusilando a los soldados «malos». Pero todo es mentira, porque inmediatamente, en el clímax de tercer acto, los soldados «buenos» llevan a Marian a casa de Cristian y los matan a ambos, haciendo un montaje para hacer ver que Cristian fue todo el tiempo el secuestrador. Ah y se llevan a la mamá de Daniel detenida. Giro obvio, no iban a poner en juego el renombre de la institución con un escándalo de ese tamaño. Asumo, porque no lo vemos, que tendrán que haber hecho un montaje con las otras decenas de secuestrados, porque todos vieron sus uniformes, y sabían qué institución los estaba secuestrando. Terminamos con una ejecución pública en la que el ejército cuelga a la mamá de Cristian, ante la fría mirada de Daniel y su padre, únicos sobrevivientes de la familia de los ricos. Asumo también que fuera de cámara cambiaron la Constitución o la anularon, porque la pena de muerte en México está prohibida. Pero ya ven, todo es asumir con esta película.

Resumiendo, como se podrán dar cuenta, lo que plantea el clímax del primer acto de Nuevo Orden nada tiene que ver con el clímax del tercer acto, o tesis. De hecho, el tema de lucha de clases como la hipótesis de si Marian podrá llegar a ayudar a Rolando (quien, por cierto, muere fusilado por el ejército), se concluye antes del midpoint y sutesis sería que ricos y pobres jamás podrán estar en paz o algo así. Y con la llegada de los militares empieza otro tema, con otra hipótesis y otra tesis. El tema es la «militarización de un país», la pregunta dramática es «¿qué pasaría con los ciudadanos ricos y pobres si el ejército toma el control» y la tesis es «todos se joden, aunque unos más que otros». Por eso digo que Nuevo Orden es, en realidad, dos películas en una, un desorden narrativo si me permiten el chiste fácil. No sé si es algo intencionado de Franco o algo que le salió por churro, pero leyendo declaraciones suyas en que afirma que no escribe pensando en un mensaje, me inclino por la segunda opción.

No me mal interpreten: que no siga una estructura narrativa convencional no es un error ni mucho menos. Al revés, la estructura siempre va subyugada a lo que la historia necesita. Y para contar dos historias en una, esta estructura funciona. Pero en este caso pienso que Franco mejor se hubiera decantado por solo uno de los dos temas principales de los que habla, porque siento que se queda corto en ambos y lo que es peor, al ser la militarización el conclusivo se come a la lucha de clases, que termina apenas como mera excusa argumental. Y digo que es un desperdicio, porque la lucha de clases desde el punto de vista de los ricos sería un tema interesantísimo de abordar, pues se ha visto pocas veces. Por decir, solo me puedo acordar de Anastasia, María Antonieta y La historia oficial. Por otra parte, el peligro de la militarización también es un tema súper importante, más en estos últimos años, cuando la Sedena tiene cada vez más y más competencias. Pero mejor no hablemos de política. Ver Parásitos y Nuevo Orden seguidas ya es suficientemente deprimente.

Michel Franco dice que quería hablar del estallido social de un país (cualquiera), hasta que revienta y las consecuencias que ello conlleva. Pero lo estructuró de una forma muy rara y dio prioridad al discurso por sobre la narrativa. Ciertamente abusó de utilizar imágenes impactantes, sin contextualizar nada. Su cine siempre ha buscado este tipo de imágenes provocadoras (yo en lo personal todavía no puedo olvidar el final de Después de Lucía). No tengo problema con el cine impactante y de imágenes violentas, siempre que la narrativa las justifique. Aquí no sé si alcanzan a estar justificadas. El resultado está ahí, en la polémica que causó desde el tráiler.

Hablando de imágenes, la cinematografía, diseño de producción y puesta en escena de Nuevo Orden es soberbia; sin duda, la mejor película de Franco en el aspecto técnico.

Ahora bien, si me preguntas si la cinta es clasista, racista, una paranoia whitexican que hace apología del miedo y promociona de las ideas del Frente Nacional, diré que no, pero sí. No lo es, porque en su narrativa y mensaje (¿mensajes?), no reivindica ninguna de estas cosas, más bien las critica, más o menos. Ni tampoco de eso trata su discurso, al que da mucha importancia como ya dijimos. No obstante, sí lo es por omisión y en parte por su casting. La parte de la omisión tiene que ver con la teoría de la muerte del autor, de la que luego podemos hablar más a fondo. Pero en resumidas cuentas, ya que la película omite dar ningún contexto, es el espectador quien debe rellenar esos huecos, y, claro, verá ahí lo que quiera ver. Por esto mismo, la polémica ha sido más concentrada en México y Latinoamérica que en otras partes del mundo, porque aquí el clasismo y el racismo van de la mano.

Al tener en cuenta esto, también podemos culpar al casting, porque a diferencia de Parásitos, donde ricos y pobres son de etnia coreana, en Nuevo Orden, los ricos son en su mayoría blancos y los pobres son en su mayoría morenos, porque tristemente esto refleja la realidad social mexicana. Quizás si la producción hubiera tenido un casting algo más diversos en ambas clases, la polémica no hubiera sido tanta, pero entonces la criticarían por inverosímil, como pasa con las adaptaciones de Netflix. No sé, eso del casting en países con problemas de racismo siempre es un tema complicado.

Lo que sí me indigna y no pienso consentir es que comparen Nuevo Orden con Parásitos, porque no son comparables. Mejor ver cada una por lo que son y valorarlas por sus propios méritos cinematográficos. Ver las películas completas y no quedarse solo con las impresiones del tráiler.

Los tráilers siempre mienten.

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