Wandavision
Una particular sitcom
Por Martín Valverde Watson Publicado en Carretera, Vistarama en 8 marzo, 2021 0 Comentarios 21 min lectura
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El nuevo programa de Disney + y del Universo Cinematográfico de Marvel (MCU), WandaVision, me tiene intrigado. Y no por las razones que uno pensaría. No soy especialmente fan de las películas de superhéroes y mucho menos de las del Ratón Miguelito. A decir verdad tengo poco apego emocional por el subgénero de superhéroes, nunca leí los comics, solo vi un par de las caricaturas de los 90 y hasta en Marvel vs Capcom siempre elegía a Riu. Pero algo tiene WandaVision que puede significar un punto de quiebre en la producción de contenido audiovisual que puede resultar significativo, o no, no estoy seguro. Para explicar el porqué de mi interés con esta «serie», voy a tener que hacer un rodeo de unos 70 años de historia de la industria audiovisual. Por cierto, habrá spoilers.

Hubo un momento en que se pensó que el cine estaba condenado a morir. Bueno, en realidad ha habido varios, algunos mejor fundamentados que otros, pero específicamente me refiero a la llegada de la televisión. Si bien los primeros televisores comerciales datan de los años 30, no fue hasta después de la segunda guerra mundial que el televisor realmente se popularizó. Esto se debe a diversos factores, como la mejora de sus componentes, el levantamiento de la veda comercial de tecnología de guerra y el abaratamiento de costos por su producción de masa. Así, para finales de los 50, se había convertido en uno de los productos esenciales del hogar de las familias de clase media en Estados Unidos y, por ende, parte esencial del «estilo de vida americano».

Con un aparato de entretenimiento tan conveniente en medio de la sala, muchas personas dejaron de ir habitualmente al cine, sobre todo, las que vivían en los suburbios y estaban lejos de las salas cinematográficas. Este cambio en el consumo generó una crisis en el sistema de estudios y muchos pensaron entonces que el cine como experiencia espectatorial no tardaría en desaparecer. Mas sabemos que no fue así, el cine sobrevivió. Eso sí, la industria hollywoodense fue obligada a un cambio forzado para competir. Lo primero que hizo fue estandarizar el color en todos sus productos. Y luego, cuando la tele también se hizo de color, incursionó en formatos widescreen cada vez más angostos. Después vendrían las nuevas corrientes autorales, el levantamiento de la censura, el cine de blockbusters (taquillero), el 3D, los sistemas de sonido surround, los VFX, otra vez el 3D y el 4D. Además de presumir siempre de tener más presupuesto y más calidad en sus valores de producción (fotografía, puesta en escena, arte, sonido). Todo, cosas que la producción televisiva, por su naturaleza inmediata y constante, simplemente no podía ofrecer. Y así fue hasta que llegó la revolución digital.

Pero no nos adelantemos. Primero ocurrió otro cambio igualmente importante: a finales de los 80 y principios de los 90, llegó la televisión por cable y el exabrupto de ofertas en la parrilla televisiva. Eso atrajo mucho capital, que algunos canales enfocaron en hacer productos de una calidad más cinematográfica. Uno de esos canales destacó especialmente en este ámbito. Estoy hablando de HBO, con series como The Sopranos, The Wire o Six Feet Under. Otras cadenas seguirían su ejemplo con series como Lost, Breaking Bad, Mad Men, Dexter y un montón más que iniciaron la segunda edad dorada de la televisión. Y es justo en este momento, a mediados de la década de los dosmiles, que la revolución digital alcanzó a la tele.

Como era costumbre, el cine había empezado primero a hacer una transición a los nuevos sistemas de producción que trajo consigo esta revolución: las cámaras digitales de calidad cine alta, luces led de bajo consumo, proyectores digitales, sistemas de audio digitales y consumo casero en DVD y Bluray. Esta vez, sin embargo, la televisión realizó dicha transición prácticamente a la par, por lo que en esta ocasión la diferencia de paridad con el cine no fue mucha. Por ende, el costo de la producción se abarató considerablemente y la calidad técnica se pudo acercar hasta ser prácticamente indistinguibles visualmente. Esto atrajo a las series a actores, actrices y técnicos que antes solo habían participado en películas, acortando aún más la brecha entre ambas. Y para el cambio de década, ocurrió algo inaudito, la televisión se le adelantó al cine en un cambio fundamental, el de la distribución. Estoy hablando del hijo ilegítimo entre los servicios de rentals (blockbuster o videocine) y el internet: los servicios de streaming.

Aunque no estoy seguro si debería hablar del streaming como una evolución de la televisión, sino como un tercer competidor que le comió el mercado a todo el mundo. Netflix mismo se define como una empresa de entretenimiento y un servicio de distribución de contenido audiovisual, en una plataforma streaming. Es decir, parecido pero no igual a una televisora. Al principio, en teoría, no tendrían que ser competidores directos, porque el contenido inicial de Netflix era el que habían producido las televisoras y las productoras de cine con anterioridad, y todos los estrenos seguían estando en su canal o cine original. Es decir, Netflix debería haber sido la evolución del servicio de rentals y poner material viejo. Pero los directivos de la plataforma fueron más listos y empezaron a crear contenido original. Este fue el principio del cambio. Un cambio que seguimos viviendo.

Por culpa de Netflix, comenzaron discusiones bizantinas sobre la esencia del cine, y si una peli suya se podía estrenar en Cannes o competir en los Oscars. Por culpa de Netflix, la gente se empezó a dar de baja de sus sistemas de cable y a contratar solo el servicio de la plataforma. Y como en los 50 con la llegada de la tele, por culpa de Netflix, los números de espectadores en sala (y en tele) cayeron en picado año tras año. Por culpa de Netflix, los límites entre televisión y cine se han trastocado para siempre. Y ante semejante éxito, otros copiaron su ejemplo y crearon su propia plataforma; Amazon Prime, HBO Max, Hulu, Filmin, Mubi, Blim (suenan risas enlatadas). Tantas ofertas que parece un revival de la tele por cable. El último en llegar con su propia plataforma fue el gigante insaciable del entretenimiento, Disney, que llegó tarde al juego por andar devorando competidores. Y así es como llegamos a Disney +, y próximamente a Star + (antes Fox).

Disney, por supuesto, llega con todo su catálogo de películas y series de la casa, más Disney Channel, Pixar, Marvel, Starwars y hasta National Geographic. Pero aun con todo ese arsenal, sabe que eso no es suficiente. Ha llegado tarde a la guerra de plataformas; por tanto, ¿qué punto diferenciador, el producto de novedad, lo haría destacar por sobre los demás? Su respuesta fue traer sus más grandes universos cinematográficos a la tele: Star Wars y el MCU. The Mandalorian primero y ahora WandaVision. Y de momento les está resultando, por lo menos conmigo, porque es lo único nuevo que me interesa de su catálogo. Y si el Mandalorian renovó la fórmula de Star Wars (que las secuelas mataron), fue porque volvió a los orígenes. Y no hablo a hacer fanservice de los episodios IV-VI como las mediocres secuelas hicieron, sino de volver a las verdaderas raíces que inspiraron a George Lucas, el western y el cine de Kurosawa. Por otro lado, WandaVision también decidió renovar la gastada fórmula de las pelis de superhéroes, que en el caso de Marvel poco ha cambiado desde la Ironman original. ¿Y cómo lo hicieron? Pues mezclando el formato de acción y superhéroes a una que es intrínsecamente televisiva: la sitcom.

En este momento me tengo que detener en explicar brevemente la importancia de las comedias de situación, o sitcoms como se les conoce. Su definición por la BBC (la cadena donde nacieron) es así: «comedia en serie de televisión que presenta el mismo conjunto de personajes en cada episodio, en situaciones divertidas que son similares a las de la vida cotidiana». Es decir, comedias sobre la vida misma. Como antecedentes, podemos citar a las comedias de situación que se hacían en la radio desde los años 20 y también a las comedias de los talkies de los 30 (de las que ya hablé brevemente aquí). De estas últimas heredarían su estética tan característica: puesta en escena a tres cámaras, escenografías recurrentes de tres paredes, iluminación diáfana para que el actor se mueva con libertad por el espacio. De las comedias radiales tomarían recursos narrativos como un cast de personajes pequeño y recurrente, las risas en vivo, cuando se grababan frente a una audiencia, y las tan infames risas enlatadas, cuando no había público. Por los bajos recursos de las televisoras de entonces y su necesidad de llenar toda una parrilla, las sitcoms se volvieron uno de sus productos estrella, porque eran baratas de producir y porque, debido a su naturaleza cómica, apelaban a un público muy amplio.

Antes de la gran explosión de las series en los dosmiles, había un predominio de un limitado número de géneros en los canales no especializados, que se podían dividir en dos vertientes: los de realidad (noticias, talkshows, concursos, revistas matutinas, cocina, etc.) y los de ficción (telenovelas, series de acción, policíacas, médicas, telefilmes, caricaturas y las sitcoms). Hablemos de los de ficción. En primera instancia podrían parecer muy disímiles entre sí, pues cada uno tenía su propia fórmula narrativa, pero justo ahí está el detalle. La constante es que eran fórmulas de repetición. Los grandes arcos narrativos se repetían de un serial a otro (como las telenovelas), cayendo en los mismos clichés. Esto era más notorio en los programas episódicos (como las sitcoms), donde al final del capítulo se tenía que regresar al status quo. Esta repetición de un problema con resolución y moraleja es la estructura básica de toda sitcom, porque dada su intencionalidad ligera y cómica, no había necesidad de complicar la trama mucho más. El género de las sitcoms es uno famoso por hacer que su público se ría y se olvide de su realidad. Realidades tan duras como un trabajo agotador, una vida monótona, una familia disfuncional, sufrir discriminación, la muerte de un ser querido, vivir en un país lleno de violencia o hasta que Thanos te mate a tu esposo ciborg (*guiño*). Es decir, son el programa perfecto de enajenación. Y no solo eso, los personajes y sus preocupaciones pasaban a formar parte de tu propia vida. A veces te desvivías más por lo que le ocurría a ellos que lo que pasaba en nuestro propio día. A veces, hasta los sigues revisitando años después de que su historia se acabara, por la nostalgia que te despiertan. No por nada Friends es de los programas más vistos de la televisión en su momento y aún ahora en la plataforma que se encuentre. Eso es el poder de las sitcoms. Y eso es a lo que apela narrativamente la nueva serie de la bruja y el robot.

Wandavision es un programa consciente de su posición como programa de televisión y su lugar dentro del MCU. Es decir, una posición a medio camino entre serie y película. En cuanto a sus elementos como parte del MCU son no solo los personajes recurrentes de otras películas de Marvel, así como la continuación de la narrativa (es necesario verse las películas que vinieron antes para entender la trama), sino también su estética cuando no está en formato sitcom. Es decir, su cinematografía, color, ambientación, diseño sonoro, aspec ratio y hasta el diseño de sus créditos. Algo que podemos ver claramente del capítulo 4 en adelante.

En cuanto a sus elementos como sitcom, van evolucionando capítulo a capítulo, debido a sus saltos temporales de una década por capítulo, para hacer homenaje a las distintas referencias históricas del género del que bebe. Y eso nos lo dejan claro desde los propios openings que tiene cada episodio. Para empezar, el primer capítulo emula casi a la perfección las sitcoms de los 50, con chistes, situaciones, escenografías, encuadres y puesta en escenas muy similares a las de The Dick Van Dyke Show o I Love Lucy. El segundo episodio hace alusión a sitcoms de los 60, como Bewitched, desde el mismo opening, y adaptando su ambientación, chistes y puesta en escena. El tercer capítulo está ambientado en los 70 y sus referencias son The Brady Bunch. El episodio 5 está en los 80 y emula Family Ties y Full House. Episodio 6 es Malcolm in the Middle. El 7 es Modern Family, con toques de The Office. Y el twist de Agnes al final de ese episodio, con su pegajosa cancioncita, es completamente The Munsters.

Eventualmente, en cada capítulo habrá momentos en que dicha realidad de la sitcom sea cuestionada y se vuelva evidente para sus personajes, lo que conlleva un cambio de tono a uno más propio del thriller, lo que hará sospechar a sus personajes y hacer avanzar la trama. Es decir, el formato de sitcom es en sí mismo un recurso narrativo. Uno que se vuelve hasta metacomentario por momentos, porque van dirigidos al espectador y no tanto a los personajes, como es la llegada del Quick Silver del universo de los X-men y no el que vimos en la película de Avengers: Age of Ultron. Este personaje, como otros, además, están conscientes de que están representando un papel dentro de una sitcom (Quick Silver hasta lo dice en voz alta en el capítulo 7, como el hermano inmaduro que mete discordia en la familia). Pero a diferencia de otras películas o series que hacen lo mismo de forma paródica (te estoy viendo a ti, Deadpool), Wandavision va más allá de un simple chiste; es también un elemento narrativo que ahonda en el tema central de la serie: el dolor del duelo.

Por tanto, la elección de formato de sitcom no es de a gratis. Ya mencionamos el poder de enajenación que tienen las sitcoms, cómo su sencilla naturaleza en la que cada conflicto se resuelve al final del capítulo con un aprendizaje, sirve para que el espectador evada su propia realidad, que bien puede ser dura y carente de sentido. En el mundo de las sitcoms hay conflictos, sí, pero edulcorados y se resuelven fácil, lo que los hace mundo ideal. Bueno, precisamente eso es lo que está haciendo Wanda. Recordemos que esta serie se ubica a las pocas semanas de los eventos de Avengers: End Game, película en la que Wanda vio morir (dos veces) a Vision, su pareja. Luego desapareció con el chasquido de dedos de Thanos y regresó 5 años después, para enterarse que los restos de Vision los estaban usando para experimentar. Y en el capítulo 8 también vemos que desde muy niña, Wanda veía sitcoms con su familia y que siempre la acompañaron en los momentos más duros de su vida. No es de extrañar que ella esté creando su propio mundo ideal, para evitar vivir su duelo. Un estado de negación a toda regla. Pero el autoengaño no puede durar para siempre, y ya sea por agentes externos (literalmente los agentes de SWORD fuera del domo) o por agentes internos (los hijos, Agnes, Quick Silver y el mismo Vision), la ilusión se rompe y se termina desmoronando. Esto se remarca cada vez que Wanda dice en el recap «Previamente en WandaVision» y lo hace con cada vez menos ganas. Cabe desacar aquí los recursos utilizados en los primeros episodios como son el color en un mundo blanco y negro, o el cambio descarado de formato de 4:3 a 2.39:1, cuando pasamos de estar dentro del domo a fuera, o cuando comienza a editar las partes que se salen de la narrativa que ha construido.

Otra cosa a señalar es que el cambio de décadas y la elección de las sitcoms de referencia coincide con la evolución de la vida familiar de Wanda dentro del domo. Empezando con las Sitcoms en blanco y negro, cuando solo están ella y Vision, aquí ocurren las típicas situaciones y desentendidos de una pareja recién casada y termina cuando queda embarazada. Subimos al siguiente escaño, con las sitcoms familiares de los 70 y 80, donde se muestra una familia ideal, cuando llegan los hijos y la confusión de los papás primerizos. Y terminamos con las sitcoms del siglo XXI, de familias disfuncionales, donde el objetivo es mantener a la familia junta cuando las cosas se salen de control, que es justo lo que le ocurre a Wanda con Vision y sus hijos. Estos cambios son en sí mismos, un resumen de la historia de las sitcoms americanas, de la forma en que los propios estadounidenses entienden la concepción de la familia ideal y, claro, un recurso narrativo-temático para la serie.

Al final, la historia de WandaVision es la de una mujer lidiando con el trauma, pasando por las cinco fases de duelo, solo que en un mundo de superhéroes. Y como Wanda tiene el poder de convertir las fantasías escapistas en realidad (cosa que muchos ya quisieran), cuando no lo puede soportar más, su primer impulso fue crear esta ilusión de un mundo irreal basada en las sitcoms. Pero como todo lo que se oculta, crece, el dolor y el trauma siguen sin sanar. Es así para todos, incluso para una bruja que puede manipular la realidad. Hay incluso mensajes de su subconsciente que le piden que tome las riendas de la situación, que vienen genialmente codificados en forma de comerciales. Y como no podía ser de otra forma, WandaVision concluye con Wanda afrontando la realidad y sanando su duelo. Un final amargo, porque significa perder a su familia imaginaria. Bueno, más o menos. Esto es Disney. Así que seguro regresan después. Hablando del final, aunque es coherente con el arco narrativo del personaje, para mí fue algo decepcionante, porque se convirtió en otra pelea de súpers con rayos de colores, en vez de asumir el papel de Wanda como villana. En ese sentido, el papel de Agatha como la mala se siente flojo. Creo que si hubieran ahondado en el daño que Wanda estaba haciendo a la población de Westview a quienes tenía esclavizados, el final hubiera sido más fuerte. Sí, hay una escena donde los confronta, pero es muy corta y se siente superflua, por la misma reacción de los pueblerinos. Pero bueno, creo que hasta en esto se parece a una sitcom tradicional, en no ahondar en temas escabrosos.

En fin, luego de todo este rollo, tengo que responder a la pregunta inicial de por qué es que WandaVision me tiene intrigado. Ciertamente, no ha sido por su trama ni por sus personajes, aunque sea verdad que me hayan entretenido. En ese sentido, no se diferencia mucho a las otras películas del MCU que ya he visto. Lo que sobresale es la elección de mezclar formatos y géneros televisivos y cinematográficos para levantar la narrativa y que no queden como una parodia o un simple recurso estilístico. Y no es que esto sea algo nuevo, ya vimos que Orson Welles lo hizo en Ciudadano Kane, utilizando elementos visuales de noticieros periodísticos de su época. También el neorrealismo lo hacía, mezclando las formas documentales con la ficción. Canoa hizo lo mismo acá en México. La bruja de Blair y REC, igual, pero para el cine de terror. La misma The Office se fusiló las técnicas de los reality shows y The Truman Show fue más allá. Hay una película española del 2011 llamada Puzzle Love en la que sus trece secuencias son cada una un género y formato distinto; de hecho, una de esas secuencias está en formato sitcom. Así que lo que hizo Marvel no es que sea exactamente novedoso. Pero está muy bien hecho. Por una, la forma respalda al fondo. Y siendo el gigante del entretenimiento que es, igual puede hasta marcar tendencia. Quién sabe.

La última nota, ya para concluir, es lo que este programa y los que vienen en Disney + significan para la industria.

Hablaba al principio de que el cine lo han dado por muerto varias veces. Pues justo ahora estamos viviendo otra de esas épocas, en que los críticos profetas han vaticinado la inevitable muerte del cine en manos de las plataformas. Y bueno, con decisiones como las de Disney y Warner de estrenar directamente en plataforma sus películas, así como el avance de calidad y presupuesto de las series y sin contar que la pandemia nos impide poner pie en las salas cinematográficas, no es difícil ver por qué lo dicen. Es más, algunas películas solo alcanzan el éxito cuando llegan a las plataformas, luego de una corrida por salas sin pena ni gloria (o si no que se lo pregunten a Ya no estoy aquí). Al parecer, la casa del ratón está apostando por expandir sus universos cinematográficos a la televisión, pero de forma seria y canónica. Y eso es un paso que pueden seguir otras franquicias. No todas. Mucho menos las que son de cine independiente o de otros países.

Yo no me atrevo a predecir qué es lo que va a ocurrir; solo espero que no sea la muerte del cine, sino otra de sus tan habituales evoluciones forzadas. Lo que sí sé es que estamos en medio de un cambio de modelo económico en la industria audiovisual, que nadie sabe a dónde irá a parar. La apuesta de Disney + es solo una de tantas y eso ha resultado en la creación de una de las más particulares sitcoms que haya visto hasta la fecha: WandaVision.

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